Alcornoques de Andalucía, quejigos de Castilla-La Mancha, encinas valencianas, álamos negros de Castilla y León, el madroño madrileño, un carballo de Galicia y arces de Euskadi. El Parque de las Comunidades, un gran desconocido en la capital, ofrece al visitante la posibilidad de perderse, por unos minutos, entre la vegetación autóctona de las regiones y ciudades autónomas que componen España. Situado en el distrito de Puente de Vallecas, separado al norte de las instalaciones de Mercamadrid por la M-40, se encuentra compuesto por 3.000 árboles y 20.000 arbustos a lo largo de sus más de 260.000 metros cuadrados.
La creación del parque se remonta a 2012, cuando se redactó el proyecto de ampliación de Mercamadrid. Además de contemplar la urbanización de una amplia superficie destinada a la construcción de nuevas naves e infraestructuras logísticas, el proyecto incorporó “una importante apuesta por la sostenibilidad”, tal y como la definen desde el Consistorio madrileño. Con las obras finalizadas un año después, su puesta en marcha respondió a la estrategia de armonizar el crecimiento urbano con la implantación de infraestructuras verdes destinadas a mejorar la calidad ambiental y favorecer la conservación de la biodiversidad.
Antonio Morcillo conoce muy bien lo que ya se ha consolidado como uno de los principales enclaves verdes del sur de la ciudad. Él es el subdirector general de Parques y Viveros del Ayuntamiento: “Como consecuencia de la intención de Mercamadrid de crecer hacia el norte, se acondicionaron unas parcelas y se urbanizó el terreno. Dentro de ese proceso se estableció la creación de un espacio natural que lo envolviera, como si fuera un perímetro”.
Parque de autonomías de Vallecas. (Ayuntamiento de Madrid)El parque está compuesto por tres ambientes. El primero de ellos remite directamente a su nombre, pues en 18 parcelas diferentes se representa la vegetación más característica de todas las comunidades autónomas de España y Ceuta y Melilla. En este sentido, las terrazas responden a un marcado carácter didáctico, pues cada una de las especies que se pueden apreciar viene acompañada de una cartelería concreta. Bordea esta zona una masa forestal con especies de bajo mantenimiento que protegen la zona, explica el mismo Morcillo.
Por último, nos encontramos un tercer ambiente, quizá en el que más tiempo deciden disfrutar los transeúntes: un mirador en la zona oeste del parque. La elevación está cubierta por plantas aromáticas y especies autóctonas que contribuyen a enriquecer el paisaje y a reforzar la identidad natural del espacio. Tal y como recalca el subdirector, ahí se dan unas vistas “muy bonitas”, en las que se aprecian desde las cuatro torres al norte de la ciudad hasta la zona sur más próxima, con el parque lineal del Manzanares, la M-40, la vía del ferrocarril y la carretera de Toledo.
Espacio para todasPor mucho que una persona se proponga reproducir las especies vegetales más representativas del país en la capital, sí o sí tendrá que tener en cuenta el clima en el que deberán germinar y vivir. “No hay que olvidar que aquí vivimos veranos e inviernos duros y que no toda la vegetación de toda España se puede reproducir con el mismo éxito”, añade Morcillo.
Un cóctel convierte el monte en "un polvorín": más vegetación que nunca y olas de calor
Carlos Rocha. SevillaLas lluvias del pasado invierno en este segundo año lluvioso tras un lustro de sequía encienden las alarmas de los expertos en incendios, que insisten en la importancia del trabajo de prevención en los meses previos al verano
Aunque todas las regiones cuentan con representación, las especies típicas de zonas con climas más suaves y costeros, como la Comunidad Valenciana o la cornisa cantábrica, tienden a crecer más despacio que en sus ámbitos naturales por la dificultad que experimentan para adaptarse. De todas formas, se trata de un parque en el que se riega el arbolado y las posibles diferencias climáticas se intentan atajar con cuidados jardineros y diversos tratamientos.
Es el caso de Andalucía, una región muy extensa con paisajes y características vegetales y botánicas muy diversas. “Tenemos desde los alcornocales de todo el occidente andaluz, con Cádiz y Huelva a la cabeza, hasta el abeto mediterráneo que crece en determinadas zonas de montaña de Málaga y Cádiz”, ilustra Morcillo. Junto a ellos se encuentran ejemplares de pino piñonero, característicos de zonas de dunas, como las que se encuentran en Doñana, al igual que dos palmitos, unas palmeras pequeñas, y dos tipos de olivos.
Cerro mirador del parque, desde donde se ve la ciudad. (Ayuntamiento de Madrid)
Castilla-La Mancha es una región con cinco provincias de gran extensión. Al ser interior, su clima se podría asimilar al de Madrid, por lo que los ejemplares seleccionados crecerán “relativamente bien”, apunta el subdirector de Parques y Jardines. Entre estas especies se encuentran el pino carrasco y arces mediterráneos, así como ejemplares de quejigos, característicos de provincias como Guadalajara y Cuenca. Completa la lista la coscoja, una especie de encina de menor porte y mayor tamaño, típica de zonas secas y áridas.
De la costa al interior, y viceversaLa Comunidad Valenciana no solo hace gala de su clima costero con las especies seleccionadas, sino también de sus muchas zonas de interior y de montaña. “Aquí tenemos a la encina, el enebro y el pino carrasco, como en Andalucía, y otras especies de menor talla como el lentisco”, enumera Morcillo. Madrid se lleva la palma con la representación típica del clima central. Más allá del archiconocido madroño, tantas veces fotografiado en su versión bronceada en la Puerta del Sol, hay encinas, fresnos y pinos piñoneros. “Muchas especies son representativas, pero no exclusivas”, apuntilla el responsable de Parques y Viveros.
El parque natural de Galicia que es un santuario para los amantes de la naturaleza en su estado más puro: con 6 rutas de senderismo, en pleno Macizo Central orensano y con picos de más de 1.600 m
Sara CastellanosEntre montañas, valles fluviales y bosques donde la fauna salvaje campa a sus anchas, Galicia guarda uno de sus espacios protegidos más solitarios y mejor conservados. Un enclave sin poblaciones en su interior
Subimos al norte. En Castilla y León, que también es una región de interior, encontramos especies como el chopo o el álamo negro, un árbol típico de los paisajes castellanos al que tantos poetas han cantado, como Antonio Machado. Junto a ellos se erigen encinas y alcornoques, al igual que fresnos y pinos silvestres.
Llegamos a Galicia, con un clima algo más suave que el madrileño y donde se producen más precipitaciones al año. El árbol más representativo es el carballo, una especie de roble, que crece junto a un castaño, “no el de Indias, que es el que se puede ver en muchísimos espacios públicos de toda España, sino el castaño que da la castaña comestible”, explica Morcillo. Completan la lista abedules y tejos, una conífera muy ligada a los lugares y rituales sagrados.
El próximo salto nos hace caer en Euskadi: “Normalmente, asimilamos esta zona a un clima de mucha lluvia y precipitación, pero hay zonas interiores muy amplias, donde el clima es algo más seco y árido”, adelanta Morcillo. De esta forma, en el espacio dedicado al País Vasco hay especies muy exigentes en humedad, como un tipo de arces de montaña, así como fresnos, quejigos y encinas. “Yo no sabría decir si este es el único parque de estas características en toda España, pero sí es cierto que posee una singularidad elevada”, concluye el subdirector de Parques y Viveros.