Habían estado rabiosos toda la mañana frente al Congreso de los Diputados hasta que de pronto callaron. Dejaron los megáfonos, las pancartas de cartón escritas con rotulador, las banderas, las mochilas. Todo quedó tirado por el suelo. Se sentaron en grupos y sacaron los teléfonos móviles en busca de la mejor señal en directo posible para conectar con el interior del hemiciclo, donde pensaban que se debatía el fruto de sus proclamas. Para alguno de los alrededor de 200 jóvenes que a las 15.00 se sentaron en las aceras de la Carrera de San Jerónimo era la primera vez que veía una votación en tiempo real. “¿Es de pago?”, le preguntaba un jóven a su amiga cuando veía que no le cargaba la imagen. No eran los únicos interesados. Casi todos los agentes de la Policía Nacional que custodiaban la calle también estaban pendientes de sus smartphones. “Coalición Canaria ha votado que sí”, retransmitían. Conforme la votación avanzaba, el silencio se instaló en la calle. Eran momentos de calma antes de la tormenta. Hasta el último minuto la esperanza de que los decretos salieran adelante se mantuvo entre los presentes. Aún así, todos estaban bien informados y sabían que el momento clave sería cuando las cámaras enfocaran a los diputados de Junts per Cataluña. Pilar Calvo Gómez vota no al primer decreto. Le seguirán, por orden alfabético, el resto de diputados del partido. A las 15.27 llegó el momento. “Ha caído”, se avanza a decir una joven. Primero se levantaron y, una vez de pie, el silencio se rompió definitivamente. La rabia estaba de vuelta.
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