En Chandrexa de Queixa, un concello ourensano de 471 vecinos, viven 126 personas de más de 80 años. Son uno de cada cuatro habitantes. ¿Menores de cinco años? Solo hay ocho. También es uno de los pueblos que se vio más afectado por los incendios de 2025. Un médico que pase consulta allí atiende, sobre el papel, a una población pequeña y muy envejecida. Con el modelo que el Servicio Gallego de Salud presentó el lunes a los sindicatos, esa circunstancia empezaría a notarse en la nómina.

La reforma actualiza el decreto 226/1996, que regula desde hace treinta años las retribuciones de Atención Primaria. Hasta ahora, el complemento de un profesional depende sobre todo del número de pacientes de su cupo. Con la propuesta, ya no todos contarán igual. Según Sanidad, las tarjetas sanitarias se ponderarán por edad en medicina de familia, enfermería y pediatría. La de una persona de 81 años o más contará como tres. La de un niño de 0 a 2 años, también. Las de 66 a 80 años y las de 3 a 6 años contarán como dos. El resto será la tarjeta estándar.

El resultado, según el propio Sergas, es que dos profesionales con el mismo número de pacientes podrían cobrar distinto. Un cupo con muchos octogenarios pagaría más que otro del mismo tamaño formado sobre todo por adultos jóvenes. Los datos del IGE a 1 de enero de 2025 muestran dónde está ese perfil. Galicia tiene un 9% de población de 80 años o más. Ourense llega al 12,2% y Lugo al 11,3%. A Coruña se queda en el 8,7% y Pontevedra en el 7,7%. El acuerdo de los sindicatos se concibe como una extensión retributiva, en ningún caso como una forma de reducir los salarios actuales.

Por comarcas, Baixa Limia, en Ourense, encabeza la lista, con casi uno de cada cinco vecinos por encima de los 80 (19,6%). Le siguen Terra de Trives (18,5%) y Terra de Caldelas (18%). En Lugo destacan Quiroga (17,4%), Os Ancares (17,1%) y A Fonsagrada (16,9%). Con una estimación propia se puede calcular cuánto subiría el peso de las tarjetas. Los datos no incluyen los tramos de 5 a 6 y de 66 a 79 años, así que el cálculo se queda corto. Sirve para comparar, no para fijar cifras. Para el conjunto de Galicia, cada 100 tarjetas pasarían a contar como unas 136, ponderadas por población. En Lobeira, serían unas 182,4.

Todos son concellos ourensanos de menos de 800 vecinos. En el extremo opuesto están los del área metropolitana. Ames, A Coruña, un 4% de mayores de 80, computaría unas 118,9 tarjetas por cada 100. Ahí, la ponderación cambia poco.

Entre los concellos de más de 5.000 habitantes, los que más suben son Ortigueira, Celanova y Outes, con unas 29 a 31 tarjetas de más por cada 100. Pero la edad no es lo único que cuenta. El borrador suma un factor de dispersión para quien atiende en varios centros o se desplaza entre ellos. Añade otro de aislamiento, que mira la distancia a los núcleos urbanos y a los hospitales y el tamaño de la población. Y un tercero de soledad, para quien es el único profesional de su categoría en todo el concello. También prevé una compensación para municipios con una única plaza y un mínimo de tarjetas asignadas.

Estos tres factores coinciden en buena parte con los concellos más envejecidos. Si se combina la ponderación por edad con el tamaño del concello, Chandrexa de Queixa sigue arriba, con Larouco, A Teixeira, San Xoán de Río, Calvos de Randín y Lobeira detrás. Son concellos de menos de 800 habitantes, con muchas probabilidades de tener un solo profesional por categoría.

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Falta lo esencial: cuánto vale cada factor. Sanidade no ha puesto cifras ni ha dicho cómo se combinarán los criterios. Además, Sanidade presentó su plan de recursos humanos. Prevé 14 plazas de podología en 2027 y 28 en 2030, y 50 profesionales de psicología clínica en 2030. Fija una ratio de un dietista-nutricionista por cada 50.000 habitantes. Cada plaza nueva de médico de familia o de pediatría llevará aparejada otra de enfermería.

El modelo se presenta como un reconocimiento a la complejidad. Pero también deja una lectura incómoda: los concellos donde cada plaza de médico valdría más son los que más población han perdido. Queda por ver si el complemento basta para que alguien quiera cubrir esas plazas.