Ahí viene de regreso. El caudillo, el expresidente, bajo el pretexto de un nuevo libro de historia mexicana, sus muy particulares interpretaciones, por supuesto, pretende recorrer el país en una gira seudoliteraria.

Lo que en realidad sucederá será una pasarela política para hacerse presente, moverle el piso a su sucesora y, principalmente, defender a su prole.

Y no es una perversa interpretación personal. Arranca la gira justamente el mismo día que la presidenta Sheinbaum tenía —o tiene aún— previsto celebrar su segundo año en el poder.

¿Es una coincidencia, un traslape de agendas mal coordinadas? No. Es la intención perenne de Andrés Manuel de decirle al país y sobre todo a la clase política: “Aquí estoy, aquí sigo, y el que importa soy yo”.

Aquella vaga promesa de que no volvería a la política ni a inmiscuirse en asuntos nacionales para no “estorbar” a su sucesora quedó, como era previsible, en el sueño de quienes ignoran el protagonismo irrenunciable del personaje.

Una vez más viene a movilizar a las huestes morenistas con miras al próximo proceso electoral del 2027, a despreciar a los opositores, a defender a un fallido “movimiento” que desborda en escándalos de corrupción.

Todo esto se manifiesta en la preselección de candidatos de Morena a las gubernaturas estatales, los mal llamados “coordinadores territoriales”, otro de los absurdos amlistas para burlar, evadir y pisotear la ley electoral.

De los 17 coordinadores —precandidatos—, la “todopoderosa” presidenta del partido único que controla al Congreso, a la Corte y a 23 gobiernos estatales, perdió 5 candidaturas a manos de los duros de Morena. La lucha interna, soterrada, oculta y denegada por todas y todos, existe, es real y se libra todos los días.

La gira de AMLO viene a reforzar esa presencia y ese control que, una vez más, desequilibra a la presidenta en su continuo intento por mantener los balances en el país.

Pero hay de fondo un interés primario en las peroratas históricas a que López Obrador someterá a sus audiencias en las próximas semanas: defender a Andy y a Bobby.

A los retoños descarriados que se dejaron seducir por los negocios y las inversiones, los amigos ambiciosos, los contratos y las concesiones en obras, hospitales, combustibles y tantas vertientes de enriquecimiento a costa de los gobiernos morenistas.

Andrés padre le quiere decir a la nación que las agencias americanas construyen versiones falsas del nacionalismo a toda prueba de sus hijos y de su familia. Dirá, se lo anticipo, que son inventos de la derecha internacional y de la oposición para manchar la probada convicción mexicana de servicio probo y ejemplar al “pueblo bueno”.

Afirmará sin decoro alguno que todo es una fabricación de sus detractores, aunque existan videos, grabaciones, fotografías en México y el extranjero de los desvaríos burgueses de sus hijos.

Saldrá una vez más a recorrer plazas y pueblos, para decir a todos que con sus hijos no se metan, ¡faltaba más!, que para eso tienen padre y es el dueño del país.

No faltarán las diatribas contra personajes de la oposición, contra las denuncias del PAN, contra los malosos que acusan al ejemplar Andy de hacer corruptelas y tener socios fugados con miles de millones que, de algún lado, salieron.

La presidenta, en su franciscano ejercicio de aguantar todo exceso de su antecesor, afirmará que sólo viene a fortalecer al movimiento, cuando en los hechos le tumbe todo el tablero de lo construido políticamente con ardua labor.

Y una vez más, en la cerrazón de cargar con el fardo familiar del pasado, en vez de desprenderse de ello para servir a México, afirmará que no existen investigaciones contra Andy o Adán Augusto, o Amilcar, o cualquier otro implicado en los escándalos del huachicol fiscal.

Todo con tal de proteger al dichoso “movimiento” y a la familia del caudillo.

Ahora incluso afirma la presidenta que la señora Taddei no es de Morena —risible argumento—, cuando salió de la Sonora de Durazo —presidente del Consejo Nacional de Morena— y fue impuesta en el cargo por la tómbola de Andrés Manuel cuando fracasó la votación en la Cámara.

El intento de depositar —una vez más— las culpas de la corrupción y los contratos en el pasado, que, francamente, ya no alcanza 8 años después. Pero la narrativa, se repite y se exprime incesantemente.

Andrés, suelto por el país… ¡Qué pesadilla para la presidenta!