Plinio el Viejo la citó en su Historia natural; Ptolomeo la incorporó a su geografía del mundo conocido y el Itinerario de Antonino la situó en las rutas de la Hispania romana entre Gades y Corduba. Singilia Barba se extendía a unos siete kilómetros al noroeste de Antequera (41.849 habitantes), en una histórica encrucijada de caminos que todavía hoy mantiene su importancia estratégica como potente nodo logístico. La antigua ciudad llegó a ostentar el rango de municipium, lo que le otorgó una mayor autonomía e integración en la vida política de Roma. De aquella urbe de la que hablan los textos antiguos han pervivido nombres como el de Acilia Plecusa, nacida esclava y convertida en liberta, que logró abrirse hueco entre las élites locales. Su biografía engrosa uno de los capítulos más singulares de este próspero enclave, cuya historia aún está lejos de conocerse por completo.
La pujanza de Singilia Barba se adivina en estructuras como un foro, un circo, templos, viviendas —domus y villas—, una basílica y varios mausoleos, además de un alfar dedicado a la producción cerámica. Todo lo que se conoce apunta a un poblado de cierta entidad, aunque hasta ahora nunca se había excavado para corroborarlo. La primera campaña arqueológica ha servido para confirmar esa hipótesis y, de paso, llevarse una sorpresa mayúscula. El teatro conserva buena parte de los sillares originales del graderío medio en perfecto estado, un hallazgo que sitúa a este edificio de 52 metros de diámetro y capacidad para unos 2.000 espectadores como uno de los teatros romanos mejor conservados de Andalucía.
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La contienda, que se ha desarrollado este mes de septiembre, ha estado codirigida por Luis Romero Novella, de la Universidad Complutense de Madrid; y Sergio España-Chamorro, investigador Ramón y Cajal especializado en Historia de Roma; junto al arqueólogo municipal Manuel Romero Pérez. Los trabajos, financiados por la Comunidad de Madrid mediante un convenio con la UCM para promocionar a doctores emergentes, han servido para dar continuidad a las actuaciones que Rafael Atencia, de la Universidad de Málaga, lideró entre 1985 y 1991.
En aquel entonces se limpiaron y documentaron los vestigios visibles y se tomó nota de las construcciones de mayor envergadura, pero no se horadó en un terreno al que la Junta de Andalucía acaba de destinar más de medio millón de euros para consolidar estructuras y dibujar itinerarios de cara a que sea visitable en el futuro. Los avances cosechados ahora han disparado el interés y el equipo se encuentra en busca de financiación con la esperanza de poder seguir profundizando en sus estudios en los años venideros.
Un hallazgo clave para entender la arquitectura pública romana“Singilia Barba es una de las grandes olvidadas de la Bética”, lamenta España-Chamorro, que critica que haya tenido que pasar tanto tiempo para volver a actuar en un enclave catalogado BIC desde 1996 donde ha aflorado un teatro en “magníficas condiciones”. Lo refrenda Romero Novella, quien añade que “los edificios de espectáculos son los menos excavados de la arquitectura pública romana”, por lo que ir obteniendo nuevos datos se antoja “muy importante para comprenderlos”. Los especialistas recuerdan que estos vestigios “son muy limitados” en la Península Ibérica —en el que destacan exponentes como el de Mérida— y que una provincia como Málaga solo cuenta con dos además de este: el de la capital y el de Acinipo, en Ronda.
La conservación del teatro, cuya existencia se documentó por primera vez en 1544 por el humanista Juan de Vilches, resulta especialmente llamativa para los expertos por el “espectacular derrumbe de su estructura”, con grandes elementos constructivos que “permanecen en la posición en la que quedaron al venirse abajo”. Buena parte quedaron encapsulados bajo los sedimentos, lo que los protegió del expolio y permitió que llegaran prácticamente intactos hasta nuestros días. Los que quedaron a la vista sí fueron reutilizados: algunos se emplearon en el siglo XVII para erigir la iglesia de San Juan de Dios, situada a unos pocos kilómetros, ya en el núcleo urbano de Antequera.
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El ConfidencialEl yacimiento burgalés contiene las más antiguas y más abundantes evidencias de esta práctica, que ha seguida viva entre los seres humanos hasta tiempos muy recientesHuelga decir que la huella romana es solo una parte de lo que fue Singilia Barba. Sus orígenes se remontan al Calcolítico, cuando ya existía un asentamiento en la zona. La ocupación continuó más tarde de mano de comunidades ibéricas vinculadas a los túrdulos. Tras la caída del Imperio romano de Occidente, se habitó en época visigoda, entre los siglos V y VIII, momento en que aparece el nombre de Barbi y se documentan monedas atribuidas a una ceca local. La llegada de los musulmanes en el año 711 abrió una nueva etapa, que se prolongó durante el periodo andalusí hasta aproximadamente el siglo XII, cuando cayó en desgracia por causas que aún no están claras.
Ruinas de Singilia Barba en una visita institucional. (Ayuntamiento de Antequera)El inventario de lo que queda por descubrir es todavía amplísimo: apenas se ha excavado un 5% de la superficie total. En el teatro, solo se ha profundizado hasta la mitad de la cávea y el siguiente paso será alcanzar la orchestra para comprobar si, como planteó Atencia, contaba con 19 filas de asientos. Pese al optimismo por este edificio que ha pulverizado las previsiones más optimistas, el equipo tiene depositadas “grandes expectativas” en infraestructuras como el circo romano, el único del que se tiene constancia en la provincia. Según las prospecciones del georradar, este recinto que podría haber albergado carreras de carros tendría unos 350 metros de longitud y 100 de anchura.
Los futuros trabajos de campo tendrán también el reto de comprender mejor las actividades económicas que abastecían a la ciudad, como las villas en las que se desarrollaban tareas agrícolas o el taller de terra sigillata hispánica, un tipo de cerámica fina característica por su color rojizo. Otra de las cuantiosas vetas por explorar son las inscripciones y las esculturas, de las que ya se recuperaron más de 70 en las primeras contiendas. Muchas de estas piezas están vinculadas a los espacios públicos, por lo que actúan como valiosas fuentes de información sobre las instituciones, los cultos y las élites que las financiaron. Parte de este legado se conserva en los museos de Antequera y Málaga, aunque el yacimiento todavía tiene mucho que aportar para reconstruir la vida cotidiana de una urbe cuyo alcance real apenas empieza a conocerse.