Al margen de la Monumental, la curva más larga del calendario y santo y seña del recién estrenado Madring, el otro elemento del trazado que más expectación ha generado en su estreno ha sido el gigantesco carril de los talleres, un inacabable pasillo de 562 metros que tuvo una influencia enorme en el desenlace de la carrera que marcó el regreso de la Fórmula 1 a Madrid, 45 años después de la última vez. Completado el primer ensayo libre del viernes, los técnicos alucinaron con el tremendo nivel de degradación de las gomas. “Con esos datos en la mano, plantearemos una estrategia a seis paradas”, bromeó Toto Wolff, el director de Mercedes. Sin embargo, el afilado de los monoplazas a medida que el fin de semana avanzaba se combinó con otro factor de una relevancia determinante, que llevó a un plan de mínimos esas visitas a los garajes: los casi 26 segundos que los bólidos iban a rodar condicionados por el límite de velocidad a su paso por los talleres. Un parámetro que finalmente terminó por catapultar a Kimi Antonelli hacia el escalón más alto del podio, coronándole como el primer ganador de la historia del circuito.
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