La población de Ceuta ha afrontado la crisis migratoria de formas diferentes. Algunos de sus vecinos se han remangado y han arrimado el hombro ante la presencia de miles de migrantes en sus calles, entre ellos personas muy vulnerables, como mujeres y niños, a los que han intentado proteger de malos tratos, vejaciones o abusos sexuales. Asociaciones de vecinos, como las de El Príncipe, Sidi Embarek o Loma Colmenar, barrios de la periferia de la ciudad y de mayoría musulmana, llevan un mes echando el resto mientras llegaban los refuerzos de las administraciones. Se han organizado para atender a los más desfavorecidos, en polideportivos o llevándolos a la Policía o a centros de menores, al tiempo que mediaban en los conflictos que esta crisis generaba entre sus vecinos. Sus teléfonos no han dejado de sonar, se sienten exhaustos, pero se han mantenido. La ONG Luna Blanca, que lleva más de 35 años enfocada en erradicar el hambre y la exclusión social en las barriadas más vulnerables de la ciudad, está entre ellos. Su portavoz, Halima Ahmed, resume perfectamente el sentir de los líderes vecinales y las razones de estas semanas de esfuerzo: “El hartazgo que todos tenemos con esta situación no va reñido con la humanidad”.

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