Una mesa de metro y medio ocupa el centro de la pequeña sala de la Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía. Encima aparecen fotografías, documentos de trabajo, dibujos de amigos, cuadernos, recortes y una llamativa colección de sobres de azúcar. "La disposición intenta acercarse al escritorio de Blanca Sánchez", detalla Alberto Medina, coordinador de este curioso trabajo expositivo, que ahonda en el archivo de una de las figuras más interesantes de la llamada Movida madrileña. "Sánchez acumulaba imágenes, objetos y recuerdos, los mezclaba y encontraba relaciones entre ellos", explica Medina, garante y administrador de la Biblioteca y Centro de Documentación del Reina Sofía.
La extraordinaria exposición, 'Leche, nieve, lágrima, mano. El saber hacer de Blanca Sánchez', situada en una pequeña salita del espacio construido por Jean Nouvel, recupera hasta el 9 de octubre una figura que suele aparecer al lado de algunos de los nombres más reconocibles de la Movida, pero que hizo bastante más que acompañarlos. "Fue una persona muy versátil, tanto en lo personal como en lo profesional: trabajó como comisaria, gestora cultural, coleccionista y artista", continúa el coordinador. "Su trayectoria estuvo profundamente vinculada a la Movida madrileña, que es por lo que principalmente se la conoce, pero la documentación de su archivo va mucho más allá".
La exposición ha sido desarrollada por los alumnos del itinerario de comisariado del Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual del Reina Sofía, la Universidad Complutense y la Autónoma de Madrid. Durante un curso han trabajado sobre el archivo personal de Sánchez conservado en el museo, con el seguimiento de Medina y Rocío Robles Tardío y encuentros con personas que la conocieron, entre ellas Guillermo Pérez Villalta. "El proyecto se centra en el discurso creativo de la propia Blanca Sánchez, que es mucho menos conocido", precisa Medina.
Collage de Elvis Presley realizado por Blanca Sánchez. (Museo Reina Sofía) La mujer que siempre iba por delanteSu biografía explica por qué resulta tan difícil asignarle una única profesión. Antes de instalarse definitivamente en Madrid, había pasado por Londres, Frankfurt, París y Colonia. A comienzos de los setenta entró en el mundo de las galerías y trabajó en Vandrés y junto a Fernando Vijande, participando de un ambiente que permitió acercar al público español artistas y lenguajes internacionales todavía poco habituales. Después llegaron la televisión, La Edad de Oro de Paloma Chamorro y, desde 1992, el Círculo de Bellas Artes, donde coordinó Artes Plásticas, Arquitectura y Diseño hasta 2006.
La otra gran pasarela de la Movida, el día que Madrid comenzó a vestir de forma diferente
Abraham RiveraEl escritor Rafael García Contreras narra en sus memorias, Relato sin costuras, cómo era el Madrid de los años ochenta, donde la moda desempeñó un papel decisivo en el devenir de la ciudadEn medio estuvo prácticamente todo lo demás. Pedro Almodóvar compartió con ella piso en Doctor Esquerdo y la consideró una de las personas más importantes de aquellos años. "Descubrimos muchas cosas juntos, pero ella siempre iba por delante y me llevaba de la mano", llegó a decir el cineasta manchego. Sánchez apareció como actriz —se la puede ver en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón—, decoradora, productora y cómplice en sus primeros trabajos; prestó incluso prendas de su armario para vestir a algunos de aquellos personajes femeninos. Por aquella casa pasaron Pérez Villalta, Fabio McNamara, Fernando Vijande o Carlos Berlanga. Este último llegó también a vivir con ella, Blanca fue su representante personal y se ocupó de la logística de dos giras de Dinarama.
El archivo es excepcional por todo lo que hay de íntimo, además de histórico, social y cultural. Una oportunidad de poder entrar en la cabeza y en la vida de uno de esos personajes casi invisibles (en el presente), pero que gracias a sus relaciones y vínculos fue determinante en el devenir de la escena artística madrileña. "Hay correspondencia con amigos y pequeñas demostraciones de afecto", cuenta Medina. Entre ellas sobreviven las notas que Berlanga le dejaba por casa: "Hola, cariño, me voy de fiesta, no me esperes levantado". Papeles que explican una red en la que amistad, trabajo y creación se mezclaban sin ningún miramiento.
Blanca Sánchez frente al espejo. (Museo Reina Sofía)Algo parecido ocurría con su colección. Blanca reunía obras de Alberto García-Alix, Luis Gordillo, Guillermo Pérez Villalta, Carlos Franco, Carmen Calvo, Zush, Berlanga o McNamara junto a perfumes, vírgenes de plástico, recuerdos de viajes, pequeños botellines y objetos kitsch. Su casa de Lope de Vega se hizo famosa por aquellas vitrinas abarrotadas. Alta cultura y cultura popular ocupaban exactamente el mismo espacio. "Tenía un gusto muy particular en el que se mezclaban la estética camp, la alta cultura y manifestaciones de raíz más popular", señala Medina.
El collage como forma de vidaEntre los materiales conservados se encuentran varios cuadernos realizados por Sánchez mediante fotografías, recortes, envoltorios, dibujos, palabras y pequeños objetos pegados sobre sus páginas. Son ejercicios personales, asociaciones visuales, recuerdos y ocurrencias. "Daba rienda suelta a su creatividad formando estos collages, estas asociaciones de ideas que le iban surgiendo", indica.
El Siglo de Oro tuvo a muchas mujeres escritoras con una visión moderna: ahora son reivindicadas en una exposición
Abraham RiveraLa muestra 'Mujeres de ingenio' reúne en la Casa Museo Lope de Vega a escritoras, dramaturgas, religiosas y otras creadoras de los siglos XVI y XVII que durante mucho tiempo no tuvieron su espacioLa práctica era además compartida por su círculo. La muestra incluye Divina providencia, un álbum realizado por las Costus en homenaje a Blanca. "Nos permite evidenciar que el collage era una especie de lenguaje compartido", añade nuevamente el coordinador. De ahí la importancia de esa gran mesa central que se comentaba al inicio. Entre los documentos de su etapa en el Círculo de Bellas Artes aparecen cuadernos con apuntes sobre exposiciones, pequeñas obras regaladas por amigos, fotografías, papeles privados. "Hemos tratado de replicar cómo sería el escritorio de Blanca Sánchez", añade de una instalación que despliega "todo su universo personal".
Un mundo que ocupa hoy 18 cajas del archivo del Museo Reina Sofía, además de obras de su colección incorporadas posteriormente. Hay correspondencia, fotografías, carteles, revistas, discos, guiones, documentos profesionales y materiales relacionados con las primeras películas de Almodóvar. Un conjunto que ayuda muy bien a dimensionar el enorme perfil de Sánchez, que atravesó galerías, cine, música, televisión y gestión cultural sin establecer demasiadas fronteras entre unas disciplinas y otras. "La documentación de su archivo es fabulosa porque va mucho más allá", concluye Medina.