Khadija y Saber cruzan la frontera marroquí a la misma hora, pero no se ven. Ella entra a Ceuta, él va a Marruecos. Vuelve, en realidad. A los dos les impulsa lo mismo: la lluvia. “Me puse de límite el miércoles. Si no encontraba plaza en un centro de menores, me iría, pero mañana va a empezar a llover y no puedo dormir más en la calle”, dice Saber. Cumplió 17 años en agosto, en la playa del Trampolín. Por entonces aún tenía más o menos intacto el sueño que le hizo cruzar el mar, creía que solo era cuestión de aguantar un poco más. Hace días decidió que si no lo había logrado a los dos meses, volvería a Castillejos. Al final no ha sido a los 60 días, sino a los 58. Saber enfila la recta hacia el puesto fronterizo de El Tarajal, y mira su móvil, pero no atrás. “¿Triste? No, estoy cansado. Pero volveré a intentarlo", dice. Desaparece por la frontera con una mochila ligera, donde firmará el retorno voluntario, como las más de 7.000 personas que según las cifras oficiales han emprendido el camino de vuelta por su propio pie.

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