"¡Letizia, Letizia!". En el barrio obrero de Manzanera, a 15 minutos del centro, un grupo de mujeres grita el nombre de la reina. Veían que faltaba algo, que los vítores para el rey (“¡Felipe, Felipe!”) ya eran suficientes o que no querían que nadie se olvidara de Letizia Ortiz. Hay muchas banderas: de España, de Ceuta y hasta del Tercio Duque de Alba de la Legión.

Los ceutíes reclaman que no haya espacio para el olvido. Y lo han hecho un día después de la celebración de la Hispanidad en una ciudad autónoma entregada desde primera hora de la mañana. Los Reyes han llegado a Ceuta con muchas ganas de reencontrarse con la versión territorial más a favor de la monarquía que podrían encontrar.

Desde la Plaza de la Constitución, al lado de la Casa de Trujillo y de Gran Vía, empieza el olor a fiesta del día. En una caseta entregan banderas pequeñas y grandes de España. Antonio tiene 80 años, vende cupones y está encantado de que vengan los Reyes. "¿Que si está complicada la cosa? Digo que sí".

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Sumaya, de 49 años, nació en la barriada de El Príncipe y dice que la situación está “fatal”. “Entró demasiada gente en julio”, dice. Rosa María, de 64 años, es ama de casa. Vive en la zona de Puerta del Campo. “No somos los mismos. Nos han quitado la feria, las playas… todo. Es muy importante que vengan aquí todos los españoles. Los Reyes deberían haber venido antes, pero nunca es tarde. No me hagas que me cabree… pues por el presidente que tenemos, que no le ha dejado”.

Miquel Ramón Martí, de 52 años, arqueólogo y profesor de Historia, vive en Catarroja, una de las áreas más afectadas por la Dana, y está en plena Gran Vía expresando su solidaridad con Ceuta. “Hemos padecido desgracias, pero tenemos que unirnos”. La pancarta que puso en una roca de la playa del Tarajal la lleva en la mano izquierda. Ha visto cómo es la ciudad en realidad. Le llevaron a El Príncipe, a una parte que es un inframundo, sin apenas servicios públicos. Martín se ha quedado impactado con la visita. “Estoy emocionado y conmocionado”, confiesa.

En 2007, en la visita de los reyes Juan Carlos y Sofía, una mujer trabajaba en el Parador de Ceuta, el que fuera Hotel La Muralla. Sirvió una ensalada a su habitación a Sofía “con mucho queso, lo que le gusta”. El sobrino, el hijo de su hermana Loli, es empleado del área de mantenimiento del parador. “Ayer se hartó de trabajar para que todo estuviera engalanado”.

Francisco Salas, de 67 años y jubilado del sector público, que lleva puesta una camiseta de IX Desafío de los 300 y llega acompañado de su hija treintañera, cree que la normalidad no ha llegado a Ceuta. “Lo único que han hecho con los migrantes es trasladarlos de sitio. Las cosas por televisión se ven muy bonitas, pero hay pisos patera y gente escondida en los montes. Van a tener que pasar años para que las cosas estén como antes”.

Llegan los Reyes al Palacio de Asamblea con un gran retraso. Querían saludar a todo el público y ellos se dejaron fotografiar y saludar. Salen al balcón, con vistas a la Plaza de África, y el ministro-mando único, Ángel Víctor Torres, sonríe lo que puede tras el abucheo que recibe. Intenta aplacarlo con sus aplausos a los Reyes. Sí, lo intenta.

Y cuando Juan Jesús Vivas, presidente de la ciudad autónoma, aparece también por el balcón para enorgullecerse de la presencia real, aparecen los gritos de “¡Presidente, presidente!”. No, no es que Pedro Sánchez fuera el acompañante sorpresa de Sus Majestades. Los aplausos eran para Vivas y el bigote del ceutí número uno (que es también alcalde) lo agradecía sin disimulo.

Felipe VI, ya con el bastón de mando de la ciudad, agradece recibir la llave de oro, aunque hay un cierto murmullo al no decir nada. Ni un simple gracias. Saluda a las autoridades civiles, eclesiásticas y militares (lo que se escribiría de forma clásica) y en el Salón del Trono ya no pinta nada nadie. Bajan a la calle para rodear con más saludos la Plaza de África. “¿También allí?”, pregunta el fotógrafo. El Rey, a lo que le mande su equipo.

La comida es brevísima y en Manzanera ya está el vecino Antonio Flores esperando a que lleguen los Reyes. "Marruecos es un país muy rico y no podemos permitir que estén aquí; que los devuelvan a todos. Los pobres somos nosotros. Esto lo van a convertir en un CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) de Ceuta”.

El colegio Vicente Aleixandre es uno de los más antiguos de la ciudad, ejemplo de la convivencia de creencias y religiones. Un niño se fija en el bastón de mano del Rey. “Esto”. “¿El qué?”, pregunta el monarca. “Eso, eso”, especifica sin saber el nombre el pequeño. "Ah, esto. Me lo ha dado el presidente”. “¿Y qué es?”, pregunta el menor. La ilusión de los niños es tremenda. En el patio, posando delante de una canasta y del nombre del colegio del Premio Nobel de Literatura, les entregan cartas a los Reyes. Felipe VI choca manos como si fuera una estrella de la NBA. Sonríe y ríe. Parece que se quedaría más tiempo en el colegio.

El rey Felipe VI saludando efusivamente. (Toñi Guerrero)

En el cementerio musulmán de Sidi Embarek toca recogimiento, rezo y silencio, mucho silencio, delante de las tumbas de los muertos tras el asalto a la frontera de Ceuta, de los que intentaron pasar a nado a la ciudad autónoma. En este espacio descansan los primeros 18 fallecidos que se recuperaron en las costas ceutíes. También otros 72 cuerpos para los que se necesitaron nuevos espacios de enterramiento. En Sidi Embarek hay guiño a todos: hay líderes de las comunidades musulmana, cristiana, judía e hindú.

"Violación de nuestra frontera"

Y de ahí los Reyes se dirigen al Parador de Ceuta. Este es un acto para la sociedad de la ciudad y es la primera vez en la que Felipe VI habla. Sus palabras no dejan lugar a dudas: se siente muy cerca de Ceuta y también de Melilla, a donde viaja hoy. “Este era el año en el que íbamos a saldar esa larga deuda, en condiciones normales, os lo aseguro, pero este verano —especialmente aquí en Ceuta— fue todo menos normal… No os es ajena la problemática de las entradas irregulares de inmigrantes, pero hablamos de otra cosa y de otra dimensión…”.

El monarca habla de “violación de nuestra frontera”: “La soberanía y la integridad territorial de nuestro país no son negociables: son indiscutibles. Y ante cualquier riesgo, nuestra obligación es su defensa y preservación”. Y añadió: “Quienes entraron irregularmente en nuestro país deben —como regla de principio— regresar a su lugar de origen, lo antes posible y por los cauces legalmente establecidos. Mientras estén entre nosotros, deberán ser tratados siempre con dignidad y humanidad, y con todas las garantías previstas por nuestras leyes”. En el cóctel, tanto Felipe VI como la Reina preguntaron detalles de la ciudad, de colectivos concretos. Durmieron en una habitación del Parador, un tumulto de alegría que regó toda la Plaza de África y este mensaje entre vítores: “Se nota, se siente: los Reyes están presentes”.