En la protesta de este miércoles en la ciudad autónoma se han repetido los cánticos contra el Gobierno de Pedro Sánchez, al que acusan de abandono y "traición"

Miles de ciudadanos salen a la calle en apoyo a Ceuta y contra la gestión del Gobierno: “¡Sánchez, traidor!”

Un grupo de militares camina por la principal calle comercial de Ceuta. A su alrededor, las mesas en las terrazas de varias cafeterías están ocupadas de ceutíes que disfrutan del festivo que conmemora la conquista española de la ciudad. Al paso de los uniformados, un grupo de vecinos vestidos con los colores de las banderas rojigualdas rompen en aplausos. “¿Donde se ha visto que haya militares en el centro de una ciudad? Pero ellos son los únicos que nos defienden”, dice un hombre, con su hijo en brazos, preparados para acudir a la manifestación para reivindicar la españolidad de la ciudad autónoma y cuestionar la gestión gubernamental de la llegada de 70.000 migrantes a la ciudad hace un más de un mes.

A unos 500 metros, otro grupo de militares intentaba despejar la zona de cualquier persona que pareciese migrante en situación irregular, en una ciudad caracterizada por la diversidad y la multiculturalidad. Cuando se topa con Youssef, uno de los migrantes marroquíes que entraron de forma masiva en la ciudad autónoma a finales de julio, se dirige a él en tono amenazante. “Te tienes que ir. Vete a Marruecos. Te voy a llevar yo mismo a la frontera, a Marruecos”, le dice el uniformado. El hombre se había acercado al centro de la localidad junto con Ossama, un adolescente marroquí de 17 años al que protege como su hijo, para intentar cargar su teléfono móvil. Nervioso trató de buscar ayuda ante lo que sería una actuación ilegal, pues una expulsión debe realizarse a través de un procedimiento administrativo. Cuando el militar es consciente de la presencia de la periodista junto al hombre marroquí, su tono amenazante se transforma en informativo. Deja de dirigirse al hombre afectado y solo da explicaciones a quien le acompaña: “Tenemos orden de despejar la zona de gente inmigrante”, apunta con una actitud ahora apaciguadora tranquila.

La directriz de evitar la presencia de personas recién llegadas a Ceuta de manera irregular tenía sentido y se explica con la tensión palpable en las calles de la ciudad autónoma durante las últimas semanas. “Si me lo hubiese dicho así, me habría ido. Pero me decía que me tenía que ir con él a la frontera de vuelta a Marruecos”, dijo el homre resignado. Mientras buscaba el modo de regresar al precario asentamiento donde malvive desde su llegada a la ciudad, algunos de quienes se acercaban al centro de Ceuta cubiertos con banderas de España dirigían miradas de sospecha hacia todo aquel que no pareciese ceutí. Durante el último mes, decenas de migrantes han denunciado agresiones de grupos organizados mientras dormían a la intemperie. Quienes ayudan a estas personas con el reparto de comida, como el colectivo No Name Kitchen o Cruz Roja, también han sufrido ataques verbales o acciones que obstaculizan su labor.

La población ceutí, compuesta por un 45% de población musulmana, comparte una sensación común de abandono institucional ante la llegada de migrantes. Un mes después, en una ciudad de 20 kilómetros cuadrados, la falta de respuesta gubernamental para la acogida de estas personas sigue siendo palpable en las calles de algunos barrios y playas de Ceuta. Pero entre quienes critican la respuesta y piden más apoyo para la ciudad autónoma existen enfoques muy diferentes. Por un lado, quienes observan la precariedad en la que vivien los recién llegados desde un enfoque humanitario y piden más recursos para la acogida de los recién llegados o traslados a la península ante la falta de capacidad de una localidad de apenas 85.000 habitantes. Por otro, muchos ceutíes han dado el paso a una postura más dura contra la inmigración, desde la que tachan a los recién llegados como “invasores” para los que reclaman su expulsión.

En la manifestación de este miércoles, los segundos hacían más ruido. “Expulsión, invasores”, gritaron en distintas ocasiones en la protesta, en la que han participado decenas de miles de ceutíes. Mientras ellos caminaban en una marcha que se transformó en una suerte de reivinidación de la españolidad de Ceuta, miles de personas continúan malviviendo en la ciudad ante la falta de plazas de acogida suficientes, mientras el Gobierno central se niega a agilizar los traslados de migrantes a la península, donde existen plazas para recibirlos en la red de atención humanitaria estatl. A la que no se sumaron las dos asociaciones de vecinos más activas en el apoyo a los migrantes porque “la consideran politizada”, se han repetido los cánticos contra el Gobierno de Pedro Sánchez, al que acusan de abandono y “traición”.

Ceutíes participan este miércoles en una marcha en la ciudad autónoma.

“Nos sentimos abandonados. No existimos. Esa gente lleva un mes en las calles, no pueden estar así. No sé cuál es la solución, pero Ceuta es muy pequeña para absorber a tanta gente”, dice Marian, una mujer musulmana presente en la manifestación. En el manifiesto, una joven ceutí dendió la “soberanía española de la ciudad” y solicitó una respuesta “conjunta” del Estado y un “compromiso firme de la UE”. Aunque han acudido vecinas y vecinos musulmanes, su presencia en la protesta no es representativa con respecto al porcentaje de población en la ciudad autónoma.

La música ha acompañado toda la marcha, con canciones que reivindican específicamente la españolidad de Ceuta, así como el himno nacional o Paquito el chocolatero. El carácter fronterizo de Ceuta y la reivindicación histórica de Marruecos sobre las ciudades autónomas marcan la reacción de parte de la sociedad ceutí ante las llegadas irregulares, a la que muchos reaccionan con una exaltación de su pertenencia a España. La entrada de alrededor de 70.000 personas ha sido interpretada por parte de la población como un “ataque” el país vecino a la soberanía española, al entender que Marruecos no controló la frontera con “una intención política”. Sin embargo, en la manifestación ningún cántico mencionó el régimen marroquí, ni apeló directamente al país vecino, en una localidad que también depende de la actividad económica fronteriza.

En medio, algunas de las personas marroquíes llegadas en julio, a las que los cánticos acusaban de “invasores, insisten en diferenciarse del régimen del que huyen, así de unas supuestas pretensiones políticas de Marruecos que no son las suyas. ”No sé por qué pudimos pasar tan fácil, dicen que Marruecos quiere Ceuta, pero si viniesen a conquistarla, me ofrecería voluntario para defender a España. Yo no quiero invadir, quiero vivir aquí como uno más“, decía Hamza, horas antes de la manifestación, en uno de los asentamientos donde malviven en la ciudad desde hace más de un mes. ”No sé de política, no sé por qué Marruecos nos dejó pasar ese día, pero nosotros no lo hicimos para invadir o porque nadie nos lo ordenó. Solo queremos trabajar“, explica frente a la chabola levantada en una de las playas de la ciudad.

Ceutíes en la manifestación de este miércoles en Ceuta.

Según el discurso oficial, Ceuta es un “crisol de culturas”. Sus 80.000 habitantes se reparten casi a partes iguales entre la comunidad cristiana-occidental y la creciente árabo-musulmana. A ellas se suman la judía y la hindú, minoritarias pero con un peso socioeconómico muy significativo. Pero la sociedad caballa no se distribuye de la misma manera por la pequeña localidad fronteriza. Por un lado, el centro, antaño separado del continente por un foso, concentra a la población con mayor poder adquisitivo. Esta, conservadora y tradicionalista, siempre ha sido el feudo del PP, con un fuerte peso del funcionariado. En el primer cinturón de la periferia se agrupan los barrios de la primera expansión hacia el Campo Exterior con miles de viviendas militares, es el gran caladero de Vox. En el extrarradio se asienta la población árabo-musulmana, que concentra las mayores tasas de paro, infravivienda y fracaso escolar.

Finalizada la manifestación, algunos de sus participantes se relajaban en las terrazas del centro de la ciudad. Cada vez que un grupo de policías nacionales atravesaba la vía comercial principal, varias mesas estallaban en aplausos para vitorear a los agentes en una ciudad donde se percibe un fuerte respaldo ciudadano a las fuerzas y cuerpos de seguridad. Según datos oficiales recientes, en Ceuta residen 1.041 miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, 3.218 militares y 300 policías locales. En una localidad de 80.000 habitantes con tal peso del funcionariado policial, pocos son los caballas que no cuentan con un familiar o amigo militar, policía o guardia civil.

La marcha, calificada de histórica por muchos de sus participantes, se desarrolló de forma pacífica en términos generales. Sin embargo, los ataques a los periodistas, especialmente a aquellos de medios considerados progresistas, fueron constantes. Durante las conexiones en directo de sus trabajadores, los insultos por parte de algunos manifestantes se repitieron, pero el punto álgido de violencia contra los informadores se produjo en el último tramo de la manifestación, cuando un trabajador de Televisión Española fue agredido por uno de los manifestantes mientras el profesional informaba de la protesta, lo que motivó la detención del agresor, según ha podido saber elDiario.es.