Imagínense a Ava Gardner pendoneando de la mano de Frank Sinatra, mientras Ernest Hemingway apura un Papa Doble, el cóctel, tipo Daiquiri, que el escritor bebía por estar la mezcla libre de azúcar cuando aterrizaba en Madrid. Para quienes anden al tanto del anecdotario capitalino, no cabrá duda de dónde se podría producir semejante reunión. Y es que, efectivamente, el Museo Chicote, situado en la Gran Vía 12, ha sido la verdadera embajada del poderío cultural estadounidense desde su fundación en 1932.

Hoy se cumplen doscientos cincuenta años desde que Estados Unidos adquirió la categoría de Estado que todos le reconocemos, y en dicho viaje España, como país, como cultura, no ha estado exenta de una implicación del todo determinante en la nación americana. Los lazos que nos unen con EE. UU. son vastos y primigenios. Para celebrar una unión que ha definido el imaginario de ambos países, Madrid celebra la huella estadounidense en la ciudad a través de una ruta conmemorativa. Mapa donde el Museo Chicote, madriguera de estrellas hollywoodienses y demás personajes sonados de la farándula yanqui, ha sido auténtica referencia desde casi el último siglo.

A modo de estreno, el martes 15 de septiembre, en la ya citada coctelería, se dieron cita el embajador de Estados Unidos, Benjamín León, Jr., y la delegada de cultura, Marta Rivera de la Cruz, en un acto que reunió a los representantes de varios de los emplazamientos que definen este recorrido, con la característica tentación por el espectáculo (atril de importación, banderas, emblemas y medidas luces cenitales) de la que suelen hacer gala los norteamericanos.

Intervención del embajador de Estados Unidos, Benjamín León Jr. en el Museo Chicote. (Embajada de Estados Unidos)

El Chicote, honesto consulado del poderío nacional para las Américas, dio golosas leyendas al almanaque de la ciudad. Historias como las del ya citado “animal más bello del mundo” con Luis Miguel Dominguín a altas horas de la madrugada, donde Gardner aseguró que “Este es un bar de putas y yo soy una puta”. O cuando Sophia Loren pilló el berrinche de su vida al negársele la adquisición de una de las codiciadas botellas del bar, evento que capitaneó portadas de no pocos medios internacionales. O, para rematar, las incombustibles performances sociales de Lola Flores que hicieron de La Faraona y del Madrid de aquellos años un mito de despiporre y jolgorio, igual de magnético que frenopático.

Pero Estados Unidos tiene una huella mucho más transversal y ecléctica en España, razón por la cual esta ruta va desde el Museo Geominero (IGME-CSIC), pasando por el Instituto Internacional de España o el Restaurante Botín, hasta la Casa de la Moneda. También el Jardín Botánico, El Prado, el Museo Naval, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Palacio de Liria, el Frontón Beti Jai o el Museo Lázaro Galdiano. Doce puntos donde los intereses, así como el valor de la historia y la cultura estadounidense, están al alcance de la mano en Madrid.

Un cóctel por un cumpleaños

¿Cómo sabe Estados Unidos? Esta es la pregunta que los encargados del Museo Chicote se han hecho de cara a la celebración de los doscientos cincuenta años de historia estadounidense. Así, a bote pronto, uno podría pensar que sabe a tarta de manzana. A tortitas. Hamburguesas, perritos calientes. Aromas de vendedor de coches usados, pólvora y cemento de secado rápido.

Pero para los cocteleros de Chicote Estados Unidos sabe a bourbon. Sabe a agave, limón, vermut, curazao y una disolución de sal, con dos arándanos a la manera de las aceitunas en el martini. “Con motivo del 250 aniversario de la independencia de EE. UU.”, asegura Rubén Gómez, socio del Museo junto a Raúl Gómez, “hemos creado el cóctel Two Fifty. Es un hito histórico para la casa, ya que no se incorporaba una nueva creación a la carta oficial desde la muerte del propio Perico Chicote, en 1977. Para elaborarlo contamos con la colaboración de la Embajada de Estados Unidos: les preguntamos a qué sabía América, les propusimos diferentes combinaciones y dimos con este resultado”.

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Caracterizado por un candente color rojizo, el Two Fifty se desplaza con poderío en el paladar, llegando a apoderarse de las papilas gustativas, de forma tan sugestiva y seductora como impositiva; un poco a la americana, si se piensa. Y el Chicote es el lugar ideal para alcanzar este maridaje entre una cultura y la coctelería. “La vinculación de Chicote con el mundo americano existe desde los orígenes del local, abierto en 1931”, apunta Gómez. “Somos la primera coctelería de España y el primer bar con barra americana de Europa. Lo que somos hoy es gracias a los americanos que han pasado por aquí: desde Ava Gardner, Frank Sinatra o Bette Davis, hasta las grandes celebridades actuales de Hollywood. La guía habitual del visitante americano en Madrid incluye tres paradas imprescindibles”, sentencia el hostelero, “el Museo del Prado, el Santiago Bernabéu y el Museo Chicote”.

“Aunque muchos locales tradicionales han ido cerrando con los años, nosotros nos mantenemos fieles a nuestra esencia de coctelería clásica. Apostamos rotundamente por el back to the basics. La conexión entre Hollywood y Chicote sigue plenamente viva; el mundo del cine y las estrellas internacionales que vienen a Madrid a presentar sus estrenos continúan eligiendo nuestra barra”.

Todas las caras de la moneda

Los amantes de la numismática también estarán de celebración en lo que se refiere a esta ruta, porque el aniversario estadounidense no puede festejarse solo con una cogorza de licor, por muy cautivador que suene. Por ello, y a modo de sentido homenaje, la Casa de la Moneda ha sacado a la luz una colección de diez monedas, donde distintas figuras de la historia de la independencia estadounidense, así como de los gobernantes españoles que dieron alas a su conquista frente a los colonos británicos, cobran un merecido protagonismo.

Presentación del mapa de la ruta estadounidense por Madrid. (Embajada de Estados Unidos)

“Reflejamos en estas monedas a los personajes que más contribuyeron a este apoyo, con la leyenda '250 aniversario, España y la independencia de los Estados Unidos'”, explica José Miguel Fernández de Liencres, director comercial de la Real Casa de la Moneda. La pieza de apertura fija la esencia de esta alianza transatlántica: “En la moneda que inicia la colección reproducimos el águila calva y las banderas de Estados Unidos y España, reflejando la colaboración entre ambos países en aquella época”.

El recorrido numismático rinde tributo a la insólita sintonía geopolítica de dos líderes que jamás llegaron a verse cara a cara. “Los personajes más singulares fueron Carlos III y George Washington que, sin conocerse, eran amigos porque tenían un enemigo común: el Imperio británico”, destaca Liencres. Una paradoja histórica que se reflejaba en el propio bolsillo de los combatientes de la época, ya que “los rebeldes que luego triunfaron en la batalla final de Yorktown conocían más a Carlos III —porque llevaban su imagen en los pesos hispanos (reales de a ocho)— que a George Washington, que era su general”.

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Junto con el Museo Naval, la institución ha rescatado del olvido a nombres clave de la contienda como Bernardo de Gálvez, el almirante José Solano y Bote o Francisco Saavedra y Sangronis, encargado de recolectar la financiación crucial para las tropas insurgentes. Tampoco falta en la serie la figura de Isabel la Católica, cuya inclusión trasciende el propio proceso de independencia para recordar los cimientos del imperio hispano. “Toda la contribución que España proporcionó para la independencia de EE. UU. no hubiera sido posible sin los 250 o 300 años anteriores en los que ella tuvo mucho que decir”, señala el director comercial, recordando un hito histórico singular: “La imagen que se reproduce en la moneda de 8 reales de plata es la misma que aparece en el primer quarter de Estados Unidos de 1893. Isabel la Católica fue la primera mujer que apareció en una moneda conmemorativa de Estados Unidos”.

Para los coleccionistas y curiosos que deseen hacerse con estas piezas históricas —todas acuñadas en plata a excepción de un ejemplar en oro—, la Casa de la Moneda ya las ha puesto a disposición del público. “Son monedas de colección que están a la venta. Se pueden adquirir en la tienda física del Museo de la Casa de la Moneda o a través de nuestra tienda online”, concluye Liencres.

Viejas, pero que muy viejas relaciones…

La huella norteamericana en la capital no solo es rastreable en el histórico hollywoodiense, los relatos de corredurías y las ligas históricas en batallas y conquistas. El mundo orgánico, mejor dicho, los restos supervivientes de ciertas razas absolutamente únicas provenientes de Estados Unidos, también encuentran su lugar en esta ruta, gracias al Museo Geominero (IGME-CSIC). “La conexión que hemos buscado es tener material, tanto de minerales como de fósiles, procedente de yacimientos estadounidenses”, explica Ana Rodrigo Sanz, directora del museo.

Mapa de la ruta estadounidense por Madrid por el 250 aniversario del país americano. (Embajada de Estados Unidos)

Huelga decir que este cruce atlántico de tesoros paleontológicos y geológicos no responde a expediciones de campo recientes. Como señala la directora, “la manera en la que se ingresan las piezas en las colecciones es por compras, donaciones o excavaciones de investigadores. En el caso de las piezas estadounidenses, son fundamentalmente por compras o donaciones”. Una cuidada labor de adquisición que permite contemplar hallazgos únicos, casi todos auténticos: “Todas las piezas de la exposición son auténticas, excepto un cráneo de Tyrannosaurus rex, que es una réplica. Los dinosaurios no abundan tanto en el mundo como para tener ejemplares auténticos en todos los museos”.

Precisamente, ese único duplicado es el gran reclamo visual de la sala. «El cráneo del Tiranosaurio Rex, un ser del Cretácico, procedente de la formación Hell Creek en Dakota del Sur, es uno de los tiranosaurios más completos encontrados en el mundo, incluso como réplica, y se compró en los años ochenta», detalla Rodrigo Sanz. Pero más allá de la icónica mandíbula del depredador, la muestra alberga auténticas joyas originales: “Tenemos un ejemplar completo y auténtico de Piscacara, un pez extinto parecido a una perca que vivió en el Eoceno, hace unos 50 millones de años, en la formación Green River de Wyoming”.

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La selección mineralógica y biológica se completa con piezas de enorme rareza. “En cuanto a minerales, contamos con la Neptunita californiana, un silicato de sodio, litio y titanio muy codiciado por los coleccionistas”, indica la directora, antes de detenerse en un vestigio singular conservado de forma casi milagrosa: “Tenemos una pieza muy curiosa de restos de vertebrados e invertebrados hallada en los pozos asfálticos del Rancho La Brea, en California, como unos escarabajos conservados en brea desde hace unos 30.000 años”. Un poco a la manera de ‘Jurassic Park’ (1993), pero no prevé Rodrigo que se extraiga el material genético para su reproducción en laboratorios secretos de islas caribeñas. ¿Se imaginan unos bichos como los hambrientos escarabajos de ‘La Momia’ (1999) zumbando por ahí? Mejor conservarlos en la protectora brea a buen recaudo en el Museo Geominero (IGME-CSIC), ya les digo.

La conmemoración del cuarto de milenio de la nación estadounidense coincide además con un hito muy especial para la propia institución madrileña. “El museo cumple 100 años en 2026, por lo que queríamos unir ambas conmemoraciones y buscar esa sinergia”, concluye Ana Rodrigo Sanz, cerrando así con broche de oro y más velas de cumpleaños esta ruta por la huella estadounidense en Madrid.

Recorrer estas doce paradas madrileñas es, en última instancia, echar un vistazo a los pliegues de una memoria compartida entre una nación, la española, que fue el ombligo del mundo y encarnó un imperio al que su viejo aliado contra los británicos —Guerra Hispano-Estadounidense mediante— le cogió el relevo. Estados Unidos ha sido la encarnación de una cultura que ha conquistado el planeta desde finales del siglo XIX, y si bien estos últimos años hemos visto cómo el orden mundial se tambaleaba, cambiando las reglas del juego, esta ruta conmemorativa es un pequeño balcón a lo que nos ha unido, y nos une. Y brindemos por ello con un Two Fifty en el Museo Chicote. Saber a Estados Unidos, es difícil decir si sabe, pero rico, oye, está un rato.