La victoria de los demócratas en las elecciones en EU no modificará la política arancelaria hacia México, admitió Marcelo Ebrard, secretario de Economía, este miércoles 4 de noviembre.

El funcionario remarcó que las facultades para imponer tarifas recaen principalmente en el presidente Donald Trump, por lo que la nueva composición de la Cámara de Representantes y el Senado no implica un cambio automático en los aranceles.

“Las facultades sobre aranceles corresponden o las tiene en buena medida el presidente, o sea, eso no cambia”, sostuvo.

Ebrard distinguió entre la política arancelaria y la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), proceso en el que sí podrían acordarse modificaciones, aunque aclaró que hasta ahora no se ha planteado alguna.

“El tratado puede ser que sí cambie, pero eso es muy pronto para podértelo decir”, comentó.

Ebrard recordó que México y Estados Unidos acordaron prolongar la vigencia del T-MEC hasta 2036 con revisiones anuales, lo que evitó el peor escenario: Que el acuerdo dejará de estar vigente.

La revisión de 2026 todavía no concluye, pues están pendientes de realizar una cuarta ronda de conversaciones, que se pospuso para después de las elecciones del martes 3 de noviembre.

“Es muy caro ponerle un arancel a algo porque le vas a pegar una empresa de ellos”, argumentó, al señalar que las tarifas afectan a compañías estadounidenses que mantienen operaciones y cadenas de suministro integradas con México.

¿Qué significa para la agenda comercial de Trump que los demócratas controlen el Congreso?

Esto también podría dar lugar a acuerdos entre ambas partes que tengan repercusiones de gran alcance en la economía, pues algunas posturas de Trump coinciden con las prioridades de los demócratas; además, los plazos límite para evitar crisis —como un impago de la deuda o un cierre del gobierno— pueden fomentar la búsqueda de compromisos.

Tras los contundentes resultados de las elecciones de mitad de mandato, es muy poco probable que prosperen los intentos de sacar adelante una legislación importante antes de que el actual Congreso —controlado por el Partido Republicano y en su fase final— concluya sus funciones a fin de año. Esto significa que, probablemente, los legisladores optarán por una financiación provisional para evitar el cierre del Gobierno, posponiendo el enfrentamiento hasta la primavera, mientras que la cuestión del techo de deuda quedará para el próximo año.

El duro revés electoral hace aún menos probable que los desmoralizados miembros de la actual mayoría republicana en la Cámara de Representantes —una mayoría escasa y marcada por las divisiones internas— logren unificarse en torno a un proyecto de presupuesto de carácter partidista. Es probable que los demócratas prefieran esperar hasta el próximo año, cuando contarán con una mayor capacidad de negociación.

Los republicanos en el Senado se centrarán en intentar confirmar el mayor número posible de nombramientos judiciales y administrativos antes de perder su mayoría. En Washington existe una gran expectación ante la posible jubilación de algún juez del Tribunal Supremo.

Entre los ámbitos propicios para alcanzar acuerdos en el Congreso del próximo año figuran la eliminación del techo de deuda, el aumento del gasto en defensa y en organismos nacionales, la renovación de los subsidios de Obamacare, la limitación de los precios de los medicamentos y la reducción de los aranceles —que han contribuido a disparar la inflación— mediante una serie de nuevos acuerdos comerciales.

Con información de Bloomberg