Nuestra cesta de la compra cambia. Detrás de esta afirmación no solo hay razones económicas, también un cambio en los hábitos de consumo y una creciente preocupación por la salud y el bienestar. Cada vez más, los españoles apuestan por una alimentación saludable y equilibrada, incorporando a su dieta alimentos que, si bien no son nuevos, hasta hace relativamente poco eran desconocidos para gran parte de la población, tanto por su existencia como por sus propiedades. Es lo que ocurrió en su momento con la quinoa, la avena, el jengibre, la cúrcuma, semillas como la chía o el lino y frutas como el aguacate. Ahora pasa lo mismo con el kéfir.
Mientras que en el centro y este de Europa se consume por arraigo cultural desde hace décadas, en nuestro país ha pasado en poco tiempo de unos niveles de penetración residuales al 38% actual, según datos del Worldpanel 2025 elaborado por Kantar. El hecho de que casi cuatro de cada diez hogares españoles compren kéfir supuso un boom de ventas durante el ejercicio pasado: esta categoría creció un 71% en volumen, de acuerdo con el panel de consumo de la consultora; y en los lineales de supermercados vemos cómo cada vez conviven más marcas que ofrecen este producto.
El problema de la ausencia de regulaciónEl consumo del kéfir ha crecido a tal velocidad que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha abierto una consulta pública, cuyo plazo de participación finaliza este viernes, con el objetivo de regular la elaboración y comercialización de este producto fermentado, que se caracteriza por que durante su proceso de fermentación intervienen bacterias y levaduras.
Y es que, según un estudio de la Universidad Rovira i Virgili (URV) y del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV), casi el 80% de los kéfires comercializados en España podría no tener levaduras ya que no se especifica en su etiquetado. Esta situación pone de manifiesto un vacío normativo en nuestro país, donde el kéfir todavía no cuenta con una norma de calidad específica y se comercializa bajo la categoría general de leche fermentada, sujeta a una regulación menos exigente.
La nueva regulación que propone el Gobierno pretende, por tanto, elaborar una norma de calidad adaptada al mercado y a las demandas actuales que defina el kéfir y que establezca criterios de calidad y requisitos para su elaboración, comercialización, denominación y etiquetado. Esta iniciativa también aportará una mayor seguridad jurídica y unas condiciones de competencia leal para un sector en expansión.
Ante esta situación, surge la duda de qué es realmente el kéfir y qué lo diferencia de un yogur. Ambos son productos lácteos fermentados, pero con una composición y características distintas. El kéfir se obtiene mediante un proceso de doble fermentación en el que intervienen diferentes bacterias y levaduras. Es, precisamente, la presencia de estas levaduras una de sus particualridades con respecto al yogur, cuya fermentación se produce por la acción de dos bacterias específicas. Esta diferencia también se refleja en sus características organolépticas: el kéfir suele presentar un sabor algo más ácido e intenso. La elección entre uno y otro depende de las preferencias de cada consumidor, especialmente en términos de sabor y textura.
Un kéfir certificadoDanone, frente al actual vacío regulatorio y hasta que la norma esté vigente, ha recurrido a una certificación independiente que garantice que su kéfir de Activia así lo sea. De este modo, Aenor ha comprobado la presencia de levaduras en la fermentación, su declaración en la etiqueta y la aplicación de controles de calidad durante la producción. Gracias al cumplimiento de esos requisitos, el kéfir de Activia es el único certificado por la entidad en España y Portugal.
El kéfir de Activa es el único certificado por Aenor en España y Portugal. (Foto. cedida)En palabras de Pedro Neves, responsable de Asuntos Regulatorios de Danone, “el objetivo es ofrecer garantías independientes que permitan al consumidor saber qué hay detrás del producto que elige, más allá de la información proporcionada por la propia marca”.
A ello suman la evidencia científica. Junto al CSIC, han impulsado un estudio en el que analizan el impacto de su kéfir con levaduras en la microbiota. La investigación, que se desarrollará durante un año, contará con la participación de más de 500 personas y busca seguir avanzando en el conocimiento científico sobre este alimento fermentado.