Frenkie de Jong no había disputado ni un solo minuto en la Liga. Y cuando se preguntaba por él en la Ciudad Deportiva, su futuro se vislumbraba lejos del Camp Nou. En el Barça aseguraban haberse cansado del neerlandés, sobre todo después de la gestión de la lesión de rodilla en el último Mundial: según el club, no avisó de sus dolencias y se marchó de vacaciones. No era la primera vez que De Jong se enfrentaba a los despachos. Esta vez, en cambio, se presentaban dos inconvenientes: Hansi Flick se había alineado con el club, y la llegada de Rodri ponía en jaque su estatus. Contra el Madrid, sin embargo, cuando el alemán necesitaba remontar, lo mandó al campo como interior. Poco importó que durante la semana lo hubiera hecho entrenar como central.

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