“Jesús –me dijo mientras brindábamos con una buena copa de vino tinto en la mano–. Si fueras mi paciente no sabría qué hacer contigo ingrato. Los jueves me tienes entretenida con tus andanzas literarias y eróticas. Me gustan mucho tus aventuras con la señorita regia, jaja. Y claro que no existe y sí existe, a mí no me engañas. Bueno sí, pero lo haces bien. Luego, los sábados ahí me tienes coleccionando tus textos sobre Dios, la Biblia y Jesucristo. Los debo de tener todos y desde hace años. Los lunes sigues siendo el Jesús Cedillo de siempre: rudo, crítico, áspero. Y los domingos ni se diga, tu éxito en la gastronomía, los vinos y la literatura ya es seguro... pero....”
Mi amiga es psicóloga, psicoanalista; tiene un consultorio muy acreditado y luego de la pandemia del maldito bicho chino, su éxito ha sido el doble y rotundo. Tarde o temprano, todo mundo hemos necesitado ayuda. De una u otra forma. Mi amiga a la cual tengo años de conocerle, aquí la vamos a bautizar como la bella Anne Young. Por aquello de que ella dice no estar casada con Sigmund Freud (su hija fue Anne) e igual, dice no estar casada con Carl G. Jung. Por lo cual y por razones prácticas, es Anne Jung. ¿Cuál es su “pero”, señorita guapa? Le digo mientras sorbemos de nuevo un trago en nuestras copas en el Bistro Republique.