Cayó el muchacho en manos de aquella mujer. Ya se sabe que caer en manos de una mujer no es lo mismo que caer en sus brazos. El mancebo traía sorbido el seso, el poco seso que aquella locura de amor le había dejado. Por esa mujer bebía los vientos; por ella andaba como sonámbulo, igual que fantasma de la noche. Le hablaban y no oía; veía y no miraba; iba a todas partes y no llegaba a ninguna. Andaba, con perdón, hecho un pendejo.
Y la mujer no era una flor de pureza, no, qué va. Había tenido dimes y diretes con todos los hombres del pueblo. Y no era chico el pueblo. Más de 10 mil habitantes tenía, según el censo último, la mitad hombres, y de ellos más de 3 mil en edad de ejercer. De modo que ya se sabrá cómo era la mujer. Homobono es nombre raro. Pues bien: ella había tenido amores por lo menos con tres Homobonos. ¡Cuántos Juanes llevaría, y cuántos Pedros o Antonios!