El ‘no’ se impone al ‘sí’ en un apretado referéndum marcado por la pesca, la soberanía nacional y la creciente incertidumbre geopolítica en el Ártico
Islandia se asoma a Europa con un referéndum que reabre el viejo dilema sobre entrar en la UE
Islandia ha cerrado la puerta a reabrir las negociaciones para ingresar en la Unión Europea por un margen que no podía ser más ajustado. A falta de cerrar dos distritos electorales donde ya ganaba el “no”, la opción negativa se impone con un 52,5% frente al 47,5% del “sí”, frenando así el proceso que el Gobierno de centroizquierda de la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, había trazado para replantear la relación del país con Europa. El referéndum había cobrado fuerza ante la creciente incertidumbre económica y geopolítica que en los últimos años ha sacudido al país nórdico y que ha reabierto el debate sobre su lugar en Europa. Según la cadena pública RÚV, la participación ha sido muy alta, comparable a la de las últimas elecciones generales, en las que votaron alrededor del 80% de los electores.
Este resultado tan ajustado no significa que Islandia haya rechazado definitivamente y para siempre entrar en la UE, ya que la consulta del sábado preguntaba a los ciudadanos si autorizaban al Gobierno a volver a sentarse a negociar con Bruselas, no si querían ser miembros del club comunitario. Pero el resultado de las urnas refleja que el país está prácticamente dividido en dos por la cuestión, después de una campaña marcada por el coste de la vida, la inflación, el contexto de seguridad geopolítico en el Ártico y el control de los recursos naturales como la pesca.
El principal temor entre los partidarios del “no” era que una eventual entrada en la UE obligase a Islandia a ceder parte del control de sus ricos caladeros y a someterse a la política pesquera común de los 27 socios de la UE. En este sentido, la pesca no solo representa la principal fuente de riqueza del país (40% de las exportaciones y alrededor del 7% del PIB), sino que también forma parte de la identidad económica y nacional de Islandia. Los expertos señalan que la gestión de los recursos marinos ha sido, además, uno de los argumentos que más han movilizado a los votantes durante la campaña.
Con estos resultados, el Gobierno de Reikiavik, que impulsó el referéndum tras la formación de la coalición de Gobierno en 2024, se reunirá en los próximos días con la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento para votar la retirada de la solicitud de adhesión a la UE, como ya ocurrió hace una década. Entonces, las negociaciones suspendidas en 2013 no llegaron a abordar los temas más delicados, como la pesca y la agricultura, y el proceso se dejó de lado con un cambio de Gobierno que no era favorable a entrar a formar parte de la UE.
El mayor argumento para la campaña del “no” ha sido señalar que Islandia ya se beneficia de la integración europea, al formar parte del Espacio Económico Europeo (EEE) y de la zona Schengen, sin tener que ser miembro de la UE, una fórmula similar a la de otro país nórdico, Noruega. En este sentido, Islandia ya ha incorporado alrededor del 75% de la legislación de la Unión Europea a través de su pertenencia al EEE. Sin embargo, los defensores del “no” han argumentado que, con una población de apenas 400.000 habitantes, el país seguiría siendo un Estado muy pequeño dentro del bloque y tendría dificultades para hacer oír su voz e influir en las decisiones que se toman en Bruselas.
Durante la campaña, la misma primera ministra Frostadóttir ha enfatizado que solamente estaría a favor de la adhesión a la UE si el país conseguía negociar un buen acuerdo con la UE. Los defensores del “no” han sostenido que, durante el proceso de negociaciones iniciado en 2013, la UE ya rechazó hacer concesiones significativas a Islandia en materia de pesca. La política pesquera común establece unas reglas comunes para el acceso y la gestión de los caladeros de los Estados miembros, y los partidarios del rechazo consideran que no había motivos para pensar que Bruselas estuviera ahora dispuesta a cambiar su posición en este ámbito. En cambio, muchos de los detractores de la adhesión consideran que la capacidad para decidir sobre asuntos como el de la pesca constituye uno de los pilares de la soberanía del país, conseguida en 1944 tras siglos de dominio colonizador por parte de Noruega primero y después de Dinamarca.
Otro de los argumentos esgrimidos por los partidarios del “no” para defender la soberanía nacional frente a Bruselas es que, en apenas un siglo, Islandia ha pasado de ser uno de los países más pobres de Europa a convertirse en una de las economías más prósperas del mundo sin necesidad de formar parte de la UE. Los defensores del “sí”, en cambio, han situado la actual incertidumbre económica en el centro de la campaña, poniendo el foco en la inflación, el elevado coste de vida y la volatilidad de la corona islandesa.
Rechazo mayoritario en las zonas ruralesEl referéndum sobre la UE también ha dejado una fractura evidente entre el entorno urbano de la capital, Reikiavik, donde la opción del “sí” ha ganado más votos, y las regiones más aisladas de la costa que dependen más estrechamente de la pesca y la agricultura, donde la opción del “no” ha ganado de forma mayoritaria.
Durante la campaña, el Gobierno favorable a la adhesión trató de tranquilizar al sector pesquero, responsable del 40% de las exportaciones y de alrededor del 7% del PIB, asegurando que el control de los caladeros sería una línea roja en unas eventuales negociaciones con Bruselas. Sin embargo, finalmente se ha impuesto el argumento de quienes consideran que ceder a la UE el control sobre los recursos naturales supondría una pérdida de soberanía, uno de los principales pilares del discurso euroescéptico.
Este resultado también ha supuesto un revés para los que pensaban que el nuevo escenario de incertidumbre geopolítica justificaba un acercamiento a Bruselas. La guerra de Ucrania, el aumento de la tensión entre Rusia y Occidente y, sobre todo, las amenazas de Donald Trump sobre Groenlandia han colocado al Ártico en el centro de la geopolítica internacional, donde Islandia se encuentra estratégicamente situada entre Europa y América, siendo parte de la OTAN, pero sin tener un ejército propio.
Para el Gobierno de Frostadóttir, una mayor integración europea podía reforzar la posición internacional del país en un momento de incertidumbre, pero el argumento geopolítico no ha sido suficiente para convencer a una mayoría de islandeses.
Con todo, el estrecho margen de los resultados deja entrever que el debate sobre la UE no desaparecerá, ya que la sociedad continúa estando dividida y la relación con la UE seguirá siendo un asunto de fondo.