Si en algún sitio el arranque de curso ha sido tenso, ese lugar ha sido Cataluña. Los profesores han vuelto a las huelgas. El seguimiento de los paros ha sido bajo, un 12%, pero los maestros han cortado vías y carreteras, provocando retenciones e incluso retrasos en el AVE. Junts y la CUP han coincidido por razones diferentes: la consellera de Educación, Esther Niubó, debe dimitir. Ustec ha perdido el control de las movilizaciones, que ahora controla el sindicato anarquista CGT. Y para colmo, Cataluña ha quedado fuera de las pruebas PISA, en una crisis que la consellera ha cerrado en falso. En el sistema educativo, Salvador Illa sigue teniendo una vía de agua.

Junts acusa a Niubó de no haber utilizado el período estival para reunirse con los sindicatos para que desconvocasen la huelga. Pero Niubó no hizo nada de eso. Usted había quedado desacreditado como interlocutor antes del verano y CGT no pensaba llegar a un acuerdo. El resto de sindicatos ya habían pactado por separado con el departamento.

Niubó utilizó el período estival para depurar responsabilidades por el descontrol que vivió Cataluña en la realización de las pruebas PISA. Niubó destituyó a su secretaria general, la número dos del departamento, Teresa Sambola, aunque se aclaró que no tenía nada que ver con el fiasco en las pruebas. También se abrieron dos expedientes, pero a personas que ya no estaban en la consellería. Y no estaban porque eran cargos de confianza de la época de ERC. Claro que no se puso el acento en eso porque la relación con los de Oriol Junqueras es clave para que Salvador Illa siga en el Palau.

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Como bombera para apagar el incendio, Niubó ha recurrido a Marta Clarí, gerente del Ayuntamiento de Barcelona y ahora nueva secretaria general de la conselleria. El Ayuntamiento es esa cantera a la que recurre el PSC cuando las cosas van mal. Y en el sistema de enseñanza catalán las cosas van muy mal.

La llegada de Clarí no ha cambiado nada. Tampoco el verano. La Generalitat sigue con su estrategia de conflicto largo con los docentes e ir debilitando la protesta. Pero, a medida que se debilita, también se va radicalizando.

Junts pesca en río revuelto

En este contexto, Junts lleva dos días focalizando las críticas en Niubó y en la educación. El secretario general de Junts, Jordi Turull, explicó en Catalunya Ràdio que la consellera, Esther Niubó, habría tenido que dimitir y que, si no lo hacía por iniciativa propia, era Illa quien debía tomar la decisión: "Si no lo hace, el president Salvador Illa la habría tenido que cesar", calificando la crisis por el informe PISA como “un problema de incompetencia".

La CUP, en cambio, exige la dimisión por las huelgas, que tienen pinta de prolongarse durante todo el mes de otoño, hasta que Ustec también se canse y acabe siendo sólo una cruzada de la CGT.

Salvador Illa y Esther Niubó pidieron a los sindicatos, sin éxito, una tregua

Illa y Niubó pidieron a los sindicatos una tregua. Pero su llamamiento cayó en saco roto. Los sindicatos mantuvieron el paro el primer día de clases, aunque Ustec ya advirtió que el seguimiento sería bajo, tal y como ha ocurrido.

Mejoras en marcha

Mientras, la Generalitat ha puesto en marcha las mejoras que pactó con CCOO, UGT y el Sindicat de Professors de Secundària. Ustec había intentado sumarse, pero quedó desacreditado por sus bases.

Esther Niubó apunta a que la reforma educativa ha de contar no sólo con los sindicatos, sino con diversos agentes sociales, además de las familias. Pero ese diálogo con todos los afectados nunca afrontará la reforma necesaria, que debería basarse en elevar el nivel, volver a los suspensos, renunciar a las pantallas, recuperar la lectura y las competencias básicas en matemáticas y rectificar la apuesta por la escuela inclusiva. Es decir, enmendar todo el modelo que avaló Ustec durante las últimas dos décadas. Y eso, en la Cataluña de Illa, respaldado por ERC, socio estratégico de Ustec, no va a pasar.