Aunque en la Constitución de 1917 aparece el término “indígena” para designar a quienes descienden de los pueblos originarios que hoy siguen habitando nuestro país, no es la palabra que utilizo para nombrarlos.

Y cuando escribo, por ejemplo, Mayas, Chontales, Nahuas, Otomíes, Totonacas, Yaquis, Tarahumaras o Kikapúes, lo hago con mayúsculas, porque mayúscula es su grandeza y mayúscula ha sido su determinación para que se respete su patrimonio identitario.