Aveces, lo más importante es lo que no ocurre. Como ayer en la mañanera en el anuncio de la infraestructura que el gobierno federal y el de Jalisco harán para dotar de agua limpia a la zona metropolitana de Guadalajara.

Se sabía que este miércoles en Palacio Nacional estaría Pablo Lemus, gobernador jalisciense, quien junto al director de Conagua, Efraín Morales, presentaría el plan de la Federación y del estado para que ya no llegue agua puerca a las casas de los tapatíos. Lo que no se sabía es que la presidenta Claudia Sheinbaum iba a prohibir expresamente importantes preguntas sobre eso.

Manejo de crisis, llaman eufemísticamente al intento, desde una posición de responsabilidad, por controlar algo. Ayer la presidenta Sheinbaum y el gobernador Lemus decidieron, más la primera que el segundo, que el tema del agua sucia en las tuberías de cientos de miles de tapatíos era sólo una cosa de ladrillos, tubos, manos de chango, potabilizadoras y dineros. Nada de derechos.

Pretendieron administrar así, tras un arreglo en lo oscurito, una alarmante situación que tiene varias dimensiones. Quieren hablar de una solución sin abordar las causas, pretenden pasar página sin buscar responsables, e impiden cuestionar sobre otras problemáticas que afloraron justo hace un mes, cuando se agravó eso de que agua propia de drenaje sale por regaderas y tarjas. No se vale.

El problema del agua sucia de Guadalajara no se arregla con 24 mil 700 millones de pesos, cantidad que comprometieron Lemus y Sheinbaum. Todo fuera tan fácil como anunciar gasto público (que ni siquiera está etiquetado en el presupuesto).

Esta situación tiene al menos cuatro componentes. Y si la solución no es integral, si el compromiso presidencial y del gobierno de Jalisco se escaquea del conjunto, que nadie luego se sorprenda si se vuelven a pisotear derechos de los tapatíos. Voy a esas cuatro cosas.

Hoy el derecho al agua de los tapatíos está anulado. Cientos de miles padecen recortes de dos o tres días a la semana y así será hasta marzo. Ayer en Palacio Nacional nada se habló de los responsables de que esa sea una medida “paliativa”. O sea, prometen corregir algo que no piensan investigar, y menos castigar. Vaya gobernantes: que el pueblo sufra la cancelación de un derecho y que se conforme con que en un semestre inicie la restitución. ¿Que alguien pague por lo que causó esta emergencia? Para nada.

Dos. En la conferencia se habló de la contaminación de los ríos que surten a Chapala, y de canales que llevan el agua a la zona metropolitana de la capital jalisciense. Para evitar eso, harán un acueducto cerrado. A ver si no pasa lo que en el huachicol, pero al revés: que industrias contaminantes inyecten ahora ahí sus desechos. En fin, uno aquí de mal pensado. Lo cierto es que el régimen más ecologista del mundo no pretende poner orden a la industria que envenena ríos y canales. Más fácil hacer otro acueducto. ¿A la postre tendríamos dos ductos: uno de vertidos tóxicos y uno de agua? A ver cómo hacen para que el primero no siga infectando gente, cultivos y eventualmente agua subterránea. Híjole.

Tres. Estas linduras dijo Sheinbaum de Lemus luego de los golpes y manguerazos que el gobernador recetó a manifestantes que protestaban el domingo 11 de octubre afuera de Casa Jalisco, que se usó como mazmorra. Al día siguiente, declaró: “Nosotros no estamos de acuerdo con la represión (…) “No debe haber represión y debe abrirse el diálogo”. El 13 de octubre escaló y definió que se tenía que investigar sobre “esta lamentable represión, porque hay que llamar las cosas por su nombre”. El 14 de octubre dos rayitas más: “Además del uso de chorros de agua, de gases lacrimógenos, el tema de la tortura a los jóvenes es algo que tiene que desaparecer en nuestro país.” Ayer en la mañanera todo fue cortesías y parabienes entre ambos.

Cuarto y último. Ayer al arrancar la mañanera la presidenta impuso un bozal a los periodistas (sus youtuberos lo traen siempre): no podían preguntar de nada que no fuera las obras que se iban a anunciar. Su dicho literal: “cuando abramos las preguntas o la presencia del gobernador”, dijo Sheinbaum, “sólo va a ser sobre el tema concreto de la obra”. Nada sobre tortura y la represión que ella misma denunció. Y así fue. Sólo se habló de tubos, no de los tubazos. El gobierno humanista.

La gente no tiene agua varios días a la semana, los que la contaminan siguen impunes, la represión de octubre 11 no tiene ni relato ni responsables… y en la mañanera se impide a la prensa cuestionar sobre eso. A veces lo más importante es lo que no ocurre.