Los cementerios españoles se llenarán este domingo de crisantemos, claveles y otras flores, y buena parte de ellos habrá salido de los invernaderos de Chipiona (Cádiz). Para los agricultores de la costa noroeste gaditana, el Día de Todos los Santos es mucho más que una tradición: en torno a esta festividad se concentra entre el 30% y el 35% de su negocio anual. En otras palabras, en unas pocas semanas se juegan hasta un tercio de lo que facturan durante todo el año.

La flor cortada es una industria agrícola con un peso económico considerable, aunque poco conocido. Andalucía concentra el 80% de la producción española, según COAG, y cuenta con unas 500 hectáreas dedicadas a este cultivo, de las que alrededor de 450 se encuentran en la costa noroeste de Cádiz, principalmente en Chipiona, Sanlúcar de Barrameda y Rota. Las restantes se distribuyen, según la organización agraria, por el Bajo Guadalquivir sevillano. Desde esta comarca se comercializa buena parte de la flor que llega estos días a los cementerios de toda España.

La dimensión económica del sector se refleja también en las estadísticas de la Junta de Andalucía, que cifran en unos 104 millones de euros las ventas de flor cortada en 2024. La última campaña contabilizada, la de 2024/25, alcanzó los 538,2 millones de unidades, aunque la superficie cultivada, de 587 hectáreas según los registros oficiales, difiere de la estimación actual de COAG.

Luis Manuel Rivera, responsable de flor cortada de COAG Andalucía y representante de la Asociación de Agricultores Costa Noroeste de Cádiz, explica que la campaña de este año llega con buenas previsiones después de meses de trabajo coordinado entre productores y empresas comercializadoras. El objetivo ha sido ajustar los cultivos a la demanda prevista para evitar que un exceso de flores en el mercado provoque una caída de los precios en el momento más importante del calendario.

Operarios trabajan en el interior del invernadero en Lebrija, Sevilla. (Francisco J. Olmo/Europa Press)

La planificación tiene especial relevancia en un negocio sometido a plazos muy estrictos. Una flor que se corta antes de tiempo puede perder calidad y valor comercial; otra que llega demasiado tarde corre el riesgo de quedarse sin comprador. Por eso, los agricultores programan las plantaciones con meses de antelación y trabajan con las comercializadoras para calcular las cantidades que podrán colocar en el mercado.

Esta estrategia ha permitido que buena parte de la producción destinada a Todos los Santos estuviera ya comprometida antes de su salida de los invernaderos. Las empresas distribuidoras la envían a floristerías y otros puntos de venta de toda España, aunque la actividad de la comarca también tiene una importante dimensión internacional.

La situación contrasta con la que atravesaba el sector hace apenas tres años. En noviembre de 2023, los productores gaditanos advertían de una crisis que amenazaba la supervivencia de numerosas explotaciones familiares. A las pérdidas ocasionadas por la pandemia se habían sumado la huelga de transportistas, el encarecimiento de fertilizantes, combustibles y plásticos tras el estallido de la guerra de Ucrania y, finalmente, los destrozos provocados por la borrasca Bernard, que dañó decenas de hectáreas de invernaderos justo antes de la campaña de Difuntos.

Entonces, muchos agricultores habían abandonado la actividad o sustituido las flores por cultivos hortícolas. El sector, con más de medio siglo de historia en la comarca, había pasado de superar las 1.200 hectáreas en Andalucía a principios de siglo a una superficie muy inferior. Rivera estimaba que la actividad generaba más de 5.000 empleos y reclamaba ayudas públicas para evitar su desaparición.

Réquiem por la flor cortada española en el día de los difuntos

José Luis LosaEl cambio de hábitos hunde las ventas de ramos en esta fecha y apuntilla a un sector que pide ayuda para no desaparecer y que tiene en Cádiz su mayor producción nacional

Tres años después, las buenas perspectivas comerciales de esta campaña no significan necesariamente que se hayan resuelto los problemas estructurales. De hecho, las últimas estadísticas oficiales muestran una evolución desigual. En la campaña 2024/25, Andalucía produjo 538,2 millones de flores, un 7,9% menos que en la anterior, pese a que la superficie cultivada aumentó un 8,4%. El rendimiento medio por hectárea descendió alrededor del 15%.

Uno de los fenómenos más llamativos es el creciente interés de productores europeos por cultivar directamente en Chipiona. Según explica Rivera, agricultores y empresas de otros países están aprovechando las condiciones de la comarca gaditana para sembrar flores que después trasladan a sus mercados de origen. En algunos casos, incluso han establecido fórmulas de colaboración con productores locales.

El movimiento resulta especialmente significativo en relación con Países Bajos, uno de los grandes centros mundiales del comercio de flores. El país neerlandés es desde hace años un destino fundamental para la producción andaluza, que llega a sus plataformas de distribución antes de comercializarse en distintos mercados europeos. Según el Observatorio de Precios y Mercados de la Junta, más del 80% de las exportaciones andaluzas de flor cortada tiene como destino Países Bajos.

La relación comercial funciona también en sentido contrario. Andalucía recibe flores procedentes de otros países, especialmente de Colombia, Ecuador y Países Bajos, en un mercado internacionalizado en el que los productores locales compiten con explotaciones de gran tamaño y costes de producción diferentes. En la campaña 2021/22, Colombia representaba cerca del 60% del volumen importado por la comunidad, según los datos de COAG.

El consejero de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía, Ramón Fernández-Pacheco, visita a la empresa

A esa competencia se añade la presión sobre los márgenes. Los agricultores siguen soportando el encarecimiento de los fertilizantes, la electricidad y los combustibles, unos costes que no siempre pueden trasladar a los precios de venta. La coordinación de la producción con las comercializadoras busca precisamente evitar que los excedentes agraven esa situación.

Pero la amenaza para el sector no procede únicamente de los costes o de las importaciones. También han cambiado los hábitos de consumo. Las nuevas generaciones mantienen una relación distinta con las tradiciones funerarias; las incineraciones han ganado terreno frente a los enterramientos y la flor artificial compite con la natural en los cementerios. Fuera de estas fechas, además, las plantas ornamentales han adquirido protagonismo frente a los ramos tradicionales.

Por eso, aunque Todos los Santos continúa siendo una fecha decisiva, los agricultores intentan diversificar su calendario comercial. Algunas explotaciones ya han incorporado la flor de Pascua para Navidad y, después, llegará San Valentín, que abre la temporada de primavera, prolongada con la Semana Santa y las ferias.

El negocio de la flor cortada se desarrolla así entre dos realidades: una industria que abastece mercados internacionales y planifica sus cultivos con meses de antelación, y una actividad todavía muy dependiente de celebraciones tradicionales. Este fin de semana, mientras millones de españoles llevan flores a los cementerios, los agricultores de Chipiona estarán haciendo también sus cuentas. En apenas unos días se decide buena parte de la rentabilidad de todo el año.