Afuera de la dirección de la Escuela Miguel López Ávila, en el Centro de Saltillo, una mecedora conserva la costumbre de Guillermina. La exdirectora solía sentarse en ella durante largos ratos. Años después, una docente contó que habían visto moverse la silla. El testimonio quedó recogido entre las apariciones del plantel, el de las calles Hidalgo y Corona.
Una mecedora vacía tarda en llamar la atención. Alguien pudo haberse levantado para contestar el teléfono o buscar un documento. Todavía queda ese vaivén que dejamos en los muebles al salir de un cuarto. En una escuela siempre hay algo más urgente que sentarse a verlo terminar.