Jorge Amílcar Olán Aparicio, el operador financiero del hijo del expresidente, Andrés López Beltrán, está corriendo con tres mil millones de pesos que no son suyos en su mayoría, por varios países. Descubierto por TV Azteca en su refugio en Suiza, huyó a Dubai, donde tiene un departamento, al ser vulnerada su privacidad –periodísticamente justificada por ser una persona de alto interés público en México–, y regresó poco después al llamado Viejo Continente para esconderse nuevamente en uno de los países de lo que se llamaba Europa del Este, que agrupaba a las naciones bajo el control de la desaparecida Unión Soviética antes de la caída del Muro de Berlín.

En su entorno siguen pensando que al salir de Suiza se fue a España, pero nueva información sobre su paradero, revelada por funcionarios de países que le siguen la pista desde el año pasado, sugiere que Amílcar está actuando sin muchos apoyos en México. Incluso, lo que ha parecido una protección del gobierno al afirmar que no hay investigación en su contra, no es correcto. Existen al menos dos averiguaciones en curso en la Fiscalía General de la República y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).

Una fue revelada por Latinus la semana pasada, la transferencia de mil 400 millones de pesos realizada por su hermana Gina Olán, detectada por la UIF. Y la otra tiene que ver con vínculos que encontraron entre las sociedades de Amílcar y seis empresas con razones sociales en la Ciudad de México, Monterrey, Cholula, Atizapán y Querétaro, que lavaban dinero y por donde presumiblemente se movieron recursos de Los Chapitos a campañas políticas en Baja California Sur, que tienen entre sus accionistas al exgobernador Narciso Agúndez Montaño y a su hijo Christian Agúndez Gómez, alcalde de Los Cabos.

Los Agúndez y Amílcar tienen como vaso comunicante al senador Adán Augusto López Hernández, que fue su principal cliente en el viejo negocio de Amílcar de compra-venta de relojes de alta gama que adquiría en Zurich. De manera particular, Amílcar es señalado como uno de los operadores financieros del Grupo Tabasco, que encabeza López Hernández, y que sirve también como paraguas de los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador, que tienen, particularmente Andrés, Andy, una larga relación de amistad y negocios. Las autoridades están tratando de determinar si también se utilizaron las empresas de Amílcar para mover dinero del Cártel de Sinaloa.

Amílcar, de quien se sabía desde hace casi un año que vivía en Suiza, vio que su refugio en Lugano, la quinta ciudad más cara de ese país y la quinta más costosa en Europa, se desbarató cuando a finales de septiembre el reportero de TV Azteca Irving Pineda y un camarógrafo mostraron el penthouse donde vivía con su familia y trataron de entrevistarlo. La difusión del paradero preciso de Amílcar, que identificaron pese a que se había hecho cirugía plástica, revivió la discusión sobre los negocios oscuros de los hijos del expresidente. Fuentes con información de primera mano señalaron que el gobierno suizo tenía toda la información sobre Amílcar, a quien consideraban un “ciudadano de interés” por la prominencia pública en México

Los suizos, agregaron, tienen uno de los mejores servicios de inteligencia, sugiriendo que el seguimiento original del socio de los López Beltrán y López Hernández lo habían hecho ellos, y que no sólo tenían instaladas cámaras para grabar sus actividades, sino un programa que utiliza la técnica digital framework, mediante una tecnología que trabaja sin rangos limitados en cuanto a alcance, y que puede geolocalizar de manera simultánea todos los dispositivos establecidos en sus parámetros, con la cual grabaron sus conversaciones a través de un segundo teléfono –el primero estaba interceptado por los servicios de inteligencia estadounidenses– que utilizó afuera de su departamento, quizás pensando que no sería escuchado.

No se sabe cómo llegó esa información a TV Azteca, aunque hay diversas versiones que apuntan a un origen mexicano. En cualquier caso, la información fue compartida con funcionarios estadounidenses, que han estado hablando con Amílcar desde el año pasado. Una fuente estadounidense dijo que el empresario tabasqueño ya tiene poco que decirle a quienes han platicado con él, pero que lo que quieren es que oficialice lo que les ha contado ante un fiscal federal, de manera que puedan judicializar sus imputaciones y acusaciones.

Amílcar, de acuerdo con la fuente, no lo ha hecho todavía, y está siguiendo el patrón que tuvo Alex Saab, que cuando era funcionario del gobierno de Nicolás Maduro y empezaron a perseguirlo en Estados Unidos por lavado de dinero, comenzó a hablar con la DEA, pero dándoles largas hasta que lo detuvieron en África y lo deportaron a Estados Unidos. Saab regresó a Venezuela en un intercambio de prisioneros, pero tras la caída de Maduro, el siguiente fue él, y actualmente se encuentra en una cárcel federal en Miami. No es necesariamente el destino de Amílcar, pero existe ese precedente. “Tuvo más miedo a los dueños de su dinero que a nosotros”, agregó la fuente estadounidense, en relación con los tres mil millones que transfirió a cuentas en Suiza cuando se fue de México.

La nueva ubicación de Amílcar, tendría que saberlo, muestra que el mundo no alcanza para esconderlo. Quienes tienen un interés en él, por lo que pudiera declarar sobre lo que sabe la familia de López Obrador, del senador López Hernández y del Grupo Tabasco, son dos: los fiscales estadounidenses y las personas que le dieron su dinero para ocultarlo y trabajarlo en cuentas fuera de México. Ese dinero tiene trazabilidad una vez que corre por el sistema financiero de países como Suiza, por lo que tampoco será fácil que puedan recuperarlo pronto, a menos que no tengan preocupación o problema con que las autoridades estadounidenses conozcan quiénes le dieron sus recursos y de dónde salieron.

Esa peculiaridad lo coloca en una situación delicada, de riesgo incluso, que parece ser la mecha que detonó el pánico cuando se topó con el reportero Pineda en el estacionamiento de su penthouse suizo. Personas que conocen de su relación con los hijos del expresidente afirman que había mantenido la comunicación con Andy hasta que su escondite fue reventado. No se sabe si después de ello mantuvo el contacto, o si actualmente, pensando que nadie conoce su nuevo paradero, sigue hablando con los hijos del expresidente.