Hay nombres comerciales que no parecen hechos para una farmacia. El Levantamuertos es uno de ellos. Y, a pesar de todo, ahí está: entre blísteres de pastillas y jarabes para la tos. Pero esa irreverencia quizá ha sido lo que le ha allanado parte del camino a Naturdís, la empresa que comercializa este reconstituyente con una denominación tan gamberra como jocosa. El complejo, de propiedades energizantes y ecológico, salió al mercado hace algo más de una década sin muchas pretensiones y en solo cuatro tiendas. A día de hoy, ha saltado a lineales de media España, prepara su expansión internacional y supera las 12.000 unidades vendidas al año, una cifra nada desdeñable para una fórmula que hasta entonces se circunscribía al acervo popular. “Podría decirse que empezamos a enfermar de éxito hasta morir de ello”, estira el chicle con retranca José Manuel Narváez, su fundador.
Este preparado, que cuenta con una legión de adeptos en el interior de la provincia de Málaga, sale directamente de Alhaurín de la Torre (45.066 habitantes), donde esta compañía familiar ha llegado a tener colas a la puerta de su nave para vender una receta que, a simple vista, parece tener poco misterio. La abeja que lleva serigrafiada en el frasco da una gran pista de lo que contiene y tantos buscan. Aunque no todo es lo que parece. El Levantamuertos original resulta de una mezcla de miel cruda, polen fresco, jalea real, tintura de própolis y aceites esenciales de naranja y limón. La oferta se amplía con otras versiones a las que añaden aceites esenciales de eucalipto, alga espirulina y plantas como la maca o el sibal, además de una versión en formato barrita pensada para recuperar fuerzas en plena actividad física. “Viene a cumplir la misma función que tenía el plátano que sacaba Rafa Nadal en los partidos. Se lo comía y remontaba”.
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Luis Vertedor. MálagaBenarrabá, el primer pueblo de España que cuenta con este servicio de titularidad municipal, guía un rebaño por los montes públicos tan solo empleando una aplicación móvilLa clave de bóveda de sus creaciones está menos en la receta que en dar con las proporciones precisas. “Ahí se han ido años de I+D, pruebas, descartes… Solo la barrita se llevó 25 formulaciones hasta dar con la que nos encajó”. La materia prima es una de las obsesiones de Narváez. Trabaja únicamente con mieles certificadas y ha pasado años recorriendo fincas y buscando apicultores y cabreros que le vendieran un poco de su producto desde mucho antes de que Naturdís fuera siquiera una idea. “Mi sector era la informática. Tenía cinco tiendas de ordenadores clónicos —por componentes— con 23 empleados y llegó el momento en que las grandes superficies, como Carrefour y MediaMarkt, empezaron a venderlos ensamblados a menor precio y era imposible competir”. El negocio fue perdiendo músculo y Narváez aprovechó el cambio para dar un giro que, en realidad, llevaba tiempo gestándose.
En 2012 dio de alta el germen de la actual empresa, centrada en aceites, quesos, mieles y setas con algunos familiares; primero compaginándolo y luego en exclusiva. “No es que fuera un visionario, pero esto era lo que de verdad me había atraído siempre. La tecnología no dejaba de ser algo muy desnaturalizado”. En el fondo, tampoco era un territorio extraño: venía de una familia ligada al campo y había crecido viendo a su padre cultivar sin químicos, solo con abonos orgánicos naturales, sin venenos ni insecticidas. Aunque en un primer momento aquello sonase más a chanza que a oportunidad. “Eso son chalauras, Manolico”, llegó a escuchar alguna vez. “Nos veían casi como unos hippies, luego el mercado se acabó abriendo. Hoy todo lo natural está muy en boga, la gente lo busca. Entonces no tanto”.
Pero si algo quería hacer Narváez con Naturdís era dar continuidad a esa manera de entender las cosas que había aprendido en casa. “Nuestros padres, que sabían más que nosotros pese a disponer de menos información, nos decían que las cosas se pueden hacer de dos formas: bien o mal. Eso se nos quedó”. También su abuela tenía su propio vademécum casero: mezclaba espino blanco con hoja de olivo para regular la tensión, como tantas otras familias recurrían a lo que tenían a mano para aliviar pequeñas dolencias.
El Levantamuertos partió precisamente de uno de esos preparados domésticos. La hacía el abuelo o la abuela de quien hoy es su socio, y ellos decidieron recuperarla y darle una formulación propia. “Era una cosa que se preparaba en la cocina, de aquella manera, con lo que se tenía a mano, y lo readaptamos”. La idea era conservar y mejorar ese conocimiento ancestral. “Ese es el espíritu que recuperamos, el de lo pasado y natural, siempre amparándonos en la ciencia para comprobar qué funciona y qué no”.
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Luis Vertedor. MálagaEl Supremo obliga al Ayuntamiento marbellí a revisar la gestión de unos accesos sobre los que hay disputa desde los tiempos del GIL. Los empresarios de la zona señalan a la concesionaria por cobrar unas tarifas "desorbitadas"El cambio de proyecto dejó de ser anecdótico cuando empezaron a llamar a su puerta clientes alejados de la imagen estereotípica. El Levantamuertos es su producto más célebre, pero Naturdís lleva años desarrollando infusiones, tisanas, plantas aromáticas y medicinales y encargos para terceros. Entre quienes confiaron en su trabajo está Buchinger Wilhelmi, la célebre clínica de Marbella que popularizó Carmen Sevilla y por la que ha desfilado media jet set, que les encarga una de sus formulaciones cuyo contenido preservan con sumo cuidado. La colaboración se mantiene desde hace más de una década y forma parte de una cartera de clientes en la que figura también la cadena hotelera Catalonia, a la que suministran sus infusiones en exclusiva desde hace unos 15 años, además de a clínicas, empresas, profesionales de la parafarmacia y especialistas sanitarios que recomiendan sus productos.
Ese mismo conocimiento lo han trasladado a una gama que incluye las llamadas “mielicinas”, un nombre que juega con la idea de la miel como medicina. “Si para la garganta antes echaban una cucharada de miel, limón, jengibre y canela, lo tomaban a sorbitos y ayudaba, ¿por qué no reproducirlo?”. Naturdís comercializa una mielicina para la irritación de garganta y la tos, otra con lavanda, valeriana y cáñamo para favorecer un sueño profundo y reparador y una tercera con equinácea, ginseng y tomillo. La clave está en conseguir que la combinación tenga sentido y, a ser posible, que agrade tomarla. “Si se lo das a probar a un niño y le gusta, ya tienes mucho ganado”. Una mezcla que funciona y que entra bien por el paladar tiene, al final, muchas más posibilidades de llegar lejos, incluso fuera de España, como ya se están planteando, con la vista puesta en Francia. “Lo mejor es que no nos hemos quedado recluidos en una esquina de una herboristería”, reflexiona.