El reconocimiento y respeto de la voz de los receptores es relativamente reciente; si bien las audiencias son el eslabón más importante de la comunicación, durante años sus voces fueron oprimidas e invisibilizadas por parte de las instituciones gubernamentales y mediáticas. Hace menos de 100 años se reconoció la importancia que tienen las audiencias para construir una democracia más justa y menos opresora.

Primero, en 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reconoce en su artículo 19 la libertad de opinión y de expresión. Posteriormente, en 1966, se adoptó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Más tarde, en México, la reforma constitucional de 1977 incorporó al artículo 6.º la garantía estatal del derecho a la información. Finalmente, a partir del 2013, se reconocen los derechos de las audiencias en materia de telecomunicaciones y radiodifusores.