La Cartuja ha cambiado mucho más por dentro que por fuera desde la Exposición Universal de 1992. Donde hace tres décadas se levantaban los pabellones de una muestra que puso a Sevilla en el escaparate internacional, hoy trabajan cerca de 36.000 personas en más de 600 empresas.

El antiguo recinto de la Expo se ha convertido en el principal parque tecnológico de España por volumen de facturación y empleo, pero parte de sus calles, instalaciones y mobiliario urbano no ha seguido el mismo camino. Farolas deterioradas, problemas de accesibilidad, espacios pendientes de reurbanización y una oferta de servicios insuficiente forman parte de las asignaturas pendientes de un recinto que aspira a competir con los grandes polos tecnológicos europeos.

Las empresas instaladas en Sevilla TechPark han decidido poner esta contradicción sobre la mesa. El presidente de su Círculo de Empresarios, Raúl Maldonado, reclamaba esta semana a las administraciones que la inversión en renovación, modernización y conservación de los espacios comunes esté a la altura de la importancia económica alcanzada por el parque. «No ha evolucionado al mismo ritmo», advirtió durante una jornada organizada con motivo del 25 aniversario de la asociación empresarial. Considera que abordar esta situación es ya «una tarea urgente».

Las cifras permiten medir la dimensión de esa distancia. Según el balance presentado en julio por la Junta y el Ayuntamiento, Sevilla TechPark cerró 2025 con 6.125 millones de euros de actividad económica, un 11,1% más que el ejercicio anterior, y 35.806 empleos directos, tras crecer un 13,1%. Por primera vez superó las 600 entidades instaladas, hasta alcanzar las 602. Su actividad equivale al 2,62% del PIB de Andalucía y al 12,54% del provincial.

El presidente del Círculo de Empresarios de Sevilla TechPark, Raúl Maldonado, en lo alto de la Torre Sevilla con el parque tecnológico al fondo. (F. Ruso)

Para Maldonado, la cuestión va más allá del mantenimiento urbano. Cuando una compañía internacional visita la Cartuja para estudiar una posible inversión, no solo examina las instalaciones de una empresa o un edificio de oficinas. «Está viendo una parte de la imagen económica de Sevilla» y de Andalucía, recordó. La primera impresión importa para atraer inversiones, nuevas empresas y profesionales cualificados, pero también para reforzar el orgullo de quienes ya trabajan allí.

«Cuidar Sevilla TechPark no es ayudar a una empresa, es invertir en empleo, en competitividad, en innovación y en el futuro de Sevilla y de Andalucía», defendió el presidente del Círculo, que recordó una estimación atribuida al director general del parque, Luis Pérez, según la cual por cada euro invertido inicialmente se han obtenido diez. «No conozco un fondo que te dé esa rentabilidad».

La conservación del recinto tiene, además, una particularidad: desde 1993, los propietarios del área tecnológica están obligados a contribuir a su mantenimiento a través de la Entidad de Conservación de la Cartuja, que se financia mediante cuotas fijadas en función de la superficie construible. Las empresas participan así directamente en el sostenimiento de la urbanización, una circunstancia que añade otra dimensión a su reclamación de una mayor implicación de las administraciones en la renovación y modernización de los espacios comunes.

La entidad, supervisada por la Gerencia de Urbanismo, presupuestó para 2025 algo más de 1,5 millones de euros destinados a mantenimiento, jardinería, limpieza viaria y seguridad, con una cuota anual de 3,84 euros por metro cuadrado edificable. Una aportación con la que los propietarios financian la conservación ordinaria del recinto, pero que no resuelve las necesidades de renovación de unas infraestructuras que, en buena medida, proceden de la Expo 92. Entre las actuaciones impulsadas por las administraciones figura la renovación integral del alumbrado, adjudicada por el Ayuntamiento de Sevilla en agosto por 8 millones de euros, IVA incluido, y que contempla la sustitución de más de 1.500 puntos de luz.

Sevilla TechPark prepara su mayor expansión mientras bate todos sus récords

José Luis LosaEl parque tecnológico de la Cartuja supera los 6.000 millones de actividad mientras el alcalde reclama a la Junta acelerar el desarrollo del Canal de la Expo y la Banda Oeste

La conservación de los espacios públicos no es la única asignatura pendiente. La Cartuja continúa arrastrando problemas de conexión con el resto de Sevilla que dificultan su integración en la vida cotidiana de la ciudad. La paradoja es que, pese a encontrarse a escasa distancia del casco histórico, sigue funcionando en determinados aspectos como una isla.

El cierre nocturno de algunas vallas obliga, por ejemplo, a los estudiantes alojados en las residencias universitarias a realizar largos rodeos para regresar a sus habitaciones. La situación se produce incluso cuando hay actividad cultural en el recinto, como los espectáculos del Teatro Cartuja Center. A ello se suman las dificultades de movilidad y acceso, que han cobrado una nueva dimensión con el traslado de los partidos del Betis al Estadio de la Cartuja.

La escasez de restaurantes, cafeterías y otros establecimientos constituye otra de las carencias del parque. Desde 2018, el empleo en Sevilla TechPark ha crecido un 94% y el recinto ha incorporado residencias universitarias, pero esa evolución no ha venido acompañada de una oferta de servicios equivalente. El resultado es un espacio con una intensa actividad empresarial durante la jornada de trabajo que todavía tiene dificultades para desarrollar una vida urbana propia.

Una nueva apuesta por transformar la Cartuja

La reclamación empresarial llega en un momento de fuerte impulso político para renovar y ampliar el recinto. El crecimiento de los últimos años ha llevado al parque prácticamente al límite de su capacidad, y tanto la Junta como el Ayuntamiento sitúan su ampliación entre las prioridades. El consejero de Universidad, Industria, Energía e Innovación, Jorge Paradela, defiende activar suelo para facilitar el crecimiento del parque. Por su parte, el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha reclamado a la Junta que acelere los desarrollos del Canal de la Expo y la Banda Oeste, las dos operaciones llamadas a definir la siguiente etapa del recinto.

La actuación más avanzada sobre el papel es también la más retrasada. El antiguo Canal de la Expo, una parcela de 40.361 metros cuadrados degradada desde 1992, es objeto de una modificación urbanística aprobada por el Ayuntamiento en diciembre de 2025 para cambiar su calificación de actividades productivas a servicios terciarios. El nuevo planteamiento abre la puerta a oficinas, un uso hotelero limitado, zonas verdes y aparcamientos, lo que permitiría recuperar uno de los espacios más degradados de la Cartuja y ampliar una oferta de servicios que no ha crecido al ritmo de su población laboral. Sin embargo, el convenio patrimonial con la Consejería de Economía, Hacienda y Fondos Europeos, que articula la operación mediante una permuta de suelos, seguía pendiente de firma este verano, más de dos años después de que ambas administraciones anunciaran el acuerdo.

La gran reserva de suelo está unos metros más allá. La Banda Oeste suma cerca de 120.000 metros cuadrados de aparcamientos infrautilizados que gestiona la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía (AVRA). El proyecto consiste en trasladar esas plazas al otro lado de la avenida Carlos III para levantar nuevos edificios de oficinas. Según el alcalde, su desarrollo no exige, en principio, modificar el PGOU, por lo que podría avanzar más rápido que el Canal. Sanz pidió personalmente en julio a la consejera de Vivienda, Juventud y Ordenación del Territorio, Rocío Díaz, de quien depende AVRA, abordar el proyecto cuanto antes.

A esa expansión física se suma eCitySevilla, el programa de compra pública de innovación con el que la Junta quiere convertir la Cartuja en un laboratorio urbano donde ensayar soluciones tecnológicas para anticipar los retos de las ciudades del futuro. Dotado con 19,8 millones de euros de fondos FEDER, ha recibido 41 propuestas de 33 entidades para sus seis licitaciones, actualmente en evaluación. Uno de sus principales objetivos es mejorar la movilidad del recinto y ofrecer alternativas al vehículo privado, con la meta, según sus promotores, de recuperar hasta el 80% del espacio viario que hoy ocupan los coches estacionados.

Entre las actuaciones previstas destaca una lanzadera eléctrica autónoma o semiautónoma, con un presupuesto base de licitación de 3,66 millones de euros, que conectará el aparcamiento disuasorio de la Banqueta de la Expo con distintos puntos del parque mediante un servicio adaptable a la demanda. El programa contempla también un sistema inteligente de gestión de accesos y movilidad, así como soluciones automatizadas para el reparto de mercancías que permitan reducir el tráfico convencional en el interior de la Cartuja. Las actuaciones, todavía en fase de contratación, deberán desarrollarse y probarse antes de finales de 2028.

La Cartuja ha necesitado tres décadas para demostrar que el legado de la Expo podía convertirse en uno de los principales motores económicos de Andalucía. Sus empresarios reclaman ahora que la transformación que ha tenido lugar dentro de los edificios llegue también a las calles que los rodean.