“Ojalá no nos lo hubieran dicho”. El martes a las siete de la mañana, un grupo de mujeres migrantes se presentó en una de las naves del Polígono de El Tarajal de Ceuta en las que trabajaban agentes de Policía Nacional a decirles que un empleado de seguridad les había avisado de que el jueves a mediodía ya no podían seguir acampados en sus calles. Les dijeron que se calmaran y se sentaran, pero aseguran que no les dieron ninguna explicación. Cuando vieron que no las atendían, empezaron a dar vueltas por la ciudad autónoma, para ver dónde podrían instalarse. Farah Dayay y Nihad, dos mujeres marroquíes emigrantes de 40 y 26 años con niños de 14 y cuatro años a su cargo, estaban entre ellas. “Hemos estado dando vueltas para encontrar dónde dormir, hemos preguntado en el Príncipe, en Sidi Embarek [donde los vecinos tienen campamentos para mujeres y niños] pero nada, tenemos miedo de lo que vaya a pasar con nosotros”, decía Dayay. Fuentes del Gobierno aseguran a EL PAÍS que no consta ningún operativo de desalojo previsto en esta zona para ese día.

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