Una frase de uso común en diversos ámbitos de la sociedad: ¡Calladita te ves más bonita! Sigue persistiendo como una ley consuetudinaria, avalada, obviamente, en su mayoría por los hombres. Sin embargo, ¿qué sucede cuando esta frase la dirige una mujer que, en su posición vertical laboral, le dice a otra mujer en su situación de subordinación que debe “callarse” e incluso debe pasar de inadvertida o casi ejercer invisibilidad ante no solamente su presencia, sino también ante sus posturas y opiniones? De esta manera, la violencia ejercida desde este tipo de situaciones laborales puede considerarse o nombrarse como bossing o mobbing: simplemente urge nombrarse. Adentrarnos en lo que implícitamente se esconde en esa frase dista mucho de lo que en una sociedad que maneja un enfoque de igualdad de género o igualitaria pretende. Es apremiante se conlleve un sentido de empoderamiento, el cual promueva en las mujeres una mayor apertura para la “presencia” y “participación” de las mujeres, independiente o ajeno a la postura, situación o condición en la que esta se encuentre. No debemos esperar a que la sociedad nos empodere; de ser necesario, es urgente situarnos en la misma postura nosotras mismas. No podemos permitir que se acallen nuestras voces en ningún ámbito de nuestra vida. Han sido demasiados los años en los que las mujeres hemos caminado con la mirada hacia abajo, la boca cerrada, en los pocos espacios abiertos para nosotras. ¿Por qué habríamos de acallarnos nosotras mismas? ¿Por qué limitarnos? Las mujeres no buscamos ser un referente de belleza o, al menos, no quienes consideramos tener más en la cabeza que en un cuerpo perfecto. No queremos ni ser bonitas ni pretender que calladas nos vemos aún más bonitas. Lo que hemos logrado ha sido a través de una lucha de ideales, desataduras y, sobre todo, de no cargar con más estigmas y etiquetas sobreimpuestas socialmente. Por eso, debemos preguntarnos: ¿qué nuevas generaciones de mujeres vendrán detrás de nosotras? El ámbito laboral refleja muchas de las desigualdades que persisten en la sociedad mexicana; por ello, es fundamental levantar la voz, por el contrario a callarla.
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