¿Qué es capaz de hacer un abrazo, frente al rugido amenazante de una motosierra?
En los años setenta, en la región india del Himalaya, las regiones rurales sufrían el impacto de la visión capitalista, que considera el todo como recurso.
Empresas madereras con apoyo gubernamental destruían bosques a diestra y siniestra, sin pensar en las repercusiones naturales ni en los pueblos que dependían de ellos para su homeostasis y supervivencia.
Con engaños, se convocó a los hombres de las aldeas circundantes a una ciudad cercana, para permitir que los leñadores no tuvieran persona que se les pusiera enfrente.
Pero subestimaron el poder de las mujeres. Lideradas por Gaura Devi, a la voz de “Chipko, chipko”, abrazaron los árboles y se negaron a apartarse. No dejaron más alternativa a los leñadores que la de retirarse del bosque.
De ahí surgió el nombre del movimiento: Chipko, que en hindi significa “aferrarse” o “abrazar”. Lo que comenzó como una acción comunitaria para proteger un bosque se convirtió en uno de los movimientos de justicia ambiental más emblemáticos.
Las mujeres de estas comunidades eran quienes tenían una relación cotidiana con los recursos del bosque: recolectaban leña, conseguían agua, alimento y plantas medicinales.
Por eso, cuando el bosque desaparecía, no desaparecía solamente “naturaleza”.
Además de provocar erosión e inundaciones, la desaparición del bosque aumentaba el trabajo de las mujeres.
Esto permite cuestionar algo muy presente en el capitalismo: ¿quién paga realmente el costo de extraer un recurso?
La empresa obtiene madera.
Pero alguien tiene que caminar más lejos por agua.
Alguien tiene que conseguir combustible.
Alguien tiene que cuidar a quienes enferman.
Alguien tiene que reconstruir la comunidad cuando el territorio se deteriora.
Y muchas veces ese “alguien” son mujeres.
¿Cuántas veces seguimos llamando “progreso” a algo que solo traslada el costo ambiental hacia quienes tienen menos poder?
Como menciona Yayo Herrero, somos seres interdependientes y ECOdependientes. Y cuidar el lugar que nos sostiene y a los seres que nos acompañan es cuidarnos a nosotras mismas.
Abrazar va más allá de lo físico. Comparte afecto, alegría, cariño. Crea comunidad.
También nos referimos a abrazar como el hecho de aceptar alguna característica que forma parte de nosotras, ya sea que venga de lo propio o de lo externo.
Como el hecho de abrazar la socialización de los cuidados dentro del precepto de lo femenino y usarlo como herramienta a nuestro favor.
Es un tanto un acto de amor como un acto de resistencia.
Tal vez por eso me gusta tanto la historia de Chipko. Porque no es solamente la historia de un grupo de mujeres salvando un bosque de la destrucción, sino una historia que pone sobre la mesa la posibilidad de transformar algo que es visto como vulnerabilidad y convertirlo en fortaleza.
Porque a veces resistir no significa levantar un arma.
A veces significa poner el cuerpo.
A veces significa quedarse.
Y otras veces, simplemente abrazar.
Poniendo la vida en el centro.
O lo que es lo mismo “Abrazar la vida” (Vandana Shiva).