Lou Andreas-Salomé fue una mujer rusa que emigró a Europa para estudiar arte y filosofía en la Universidad de Zúrich; tiempo después, se convertiría en una de las primeras psicoanalistas. Sin embargo, es recordada más que por su obra y su pensamiento, por los hombres que la rodearon: Nietzsche, Rilke y Freud.

En una época en la que el destino estaba marcado de manera implacable por los pasos a seguir, un esposo e hijos, Lou decidió desde muy joven decir no al matrimonio para entregar su vida al estudio y al conocimiento.

Es tal la fascinación que despiertan sus decisiones de vida que su biografía ha llamado la atención más que su propia obra a pesar de que sus aportes fueron al igual que su vida, únicos.

Freud y Lou mantuvieron una larga relación por correspondencia en la que se nota un respeto y una admiración mutuos envuelto en un tinte de ternura; él la incita a dar a conocer sus ideas a partir de su visión femenina del mundo en revistas y discutir el desarrollo de conceptos propios. Existen varios libros que dan cuenta de estos intercambios. En uno de ellos —La alegría propia del verdadero encuentro, editado en Buenos Aires por la editorial Las Furias— hay una parte en la que Freud, “con espanto”, se entera de la cantidad de tiempo que dedica Lou a la consulta y lo llama un intento suicida sorprendente; la invita, en cambio, a dejar de trabajar tanto y aumentar sus tarifas. Se sabe que Lou no hizo caso.

¿Cómo, una mujer que renunció al matrimonio por su amor al conocimiento, se ató de esa manera al trabajo? Lou decía, “Reduje mis deberes a uno solo: perpetuar mi libertad. El matrimonio y su séquito de posesión y sus celos esclavizan el espíritu. Espero que llegue el momento en que ni hombres ni mujeres sean tiranizados por sus mutuas debilidades”.

En consulta me encuentro constantemente con mujeres admirables, inteligentes, valientes y trabajadoras que continúan esforzándose a pesar de que, como acertadamente lo identifica Freud, es una misión suicida. Llegan al diván y relatan discursos bien elaborados, analizados desde distintas perspectivas, intentando conocer a los otros, al mundo, a sus problemas, responsabilizándose de cada detalle y me pregunto si perpetuar la libertad y la responsabilidad será otra forma de esclavizar el espíritu.

Uno de los principales conceptos de Lou fue el narcisismo, viéndolo como una conexión con el todo. Narciso se mira no en un espejo estático, sino en uno hecho de agua, móvil, situado dentro de la naturaleza, una naturaleza que no es solamente visible, sino una profunda y oculta.

La esperanza de Lou de un mundo sin tiranía de sexos podría también inferirse como la esperanza de que nuestros propios espejismos no nos esclavicen. Habrá que estar atentas a estos puntos ciegos y con ternura incitarnos a tomar nuestra libertad.

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