Durante años hablamos del futuro como si fuera algo lejano. Del cambio climático, de la escasez de agua, del crecimiento desordenado de las ciudades y de la necesidad de modificar nuestra relación con el entorno. Pero en Saltillo ese futuro dejó de ser una advertencia: ya llegó.
Las recientes fallas en el suministro de agua, también asociadas a problemas eléctricos en los pozos, nos enfrentaron a una realidad que preferimos no mirar. Una ciudad puede acostumbrarse a abrir la llave y encontrar agua, hasta que un día deja de salir. Entonces descubrimos que detrás de ese gesto cotidiano hay una infraestructura compleja, costosa y vulnerable, pero, sobre todo, un recurso natural limitado.