La economía francesa crecerá solo 0.4 por ciento en 2026, frente al 0.9 por ciento del año anterior, mientras que las olas de calor del verano en Francia restarán alrededor de 0.1 puntos porcentuales al crecimiento anual, principalmente por el impacto sobre la producción agrícola, según las previsiones publicadas este jueves por el INSEE.
La nueva previsión del Instituto Nacional de Estudios Estadísticos (INSEE) se sitúa por debajo de la del Gobierno, que mantiene por ahora una estimación de crecimiento del PIB del 0.7 por ciento para 2026, aunque el Ejecutivo actualizará sus previsiones macroeconómicas este viernes.
El instituto advierte además de que Francia está perdiendo terreno frente al resto de Europa, debido a las olas de calor, el retroceso de la actividad en la obra pública, el deterioro del mercado laboral y una situación presupuestaria complicada.
La segunda mayor economía de la zona euro se estancó en el segundo trimestre, después de una contracción del 0.2 por ciento en los tres primeros meses del año, muy por debajo del crecimiento del 0.3 por ciento previsto en julio para ese periodo por el INSEE, que espera ahora una expansión del 0.1 por ciento en el tercer trimestre y del 0.2 por ciento en el cuarto.
En su informe de coyuntura publicado este jueves, el INSEE señaló que la actividad se vio frenada en la industria, la construcción y los servicios, mientras la agricultura fue particularmente castigada por el calor.
Y es que la agricultura sufrió especialmente los efectos de las olas de calor, con una caída de su valor añadido del 3.1 por ciento. Así, el INSEE estima que la canícula, que sumó más de 50 días entre mediados de junio y finales de agosto, restará unos 0.1 puntos al crecimiento francés en 2026.
Las altas temperaturas también afectaron a la construcción y a algunas actividades industriales.
El comercio exterior fue el principal apoyo a la actividad en el segundo trimestre, con una contribución de 0.6 puntos al PIB, gracias al repunte de las exportaciones, que aumentaron 2.9 por ciento, impulsadas por las entregas aeronáuticas, que se espera que aumenten 10 por ciento al final de año. Las importaciones crecieron un 1.1 por ciento.
Para el conjunto de 2026, el INSEE prevé que el consumo de los hogares aumente un 0.3 por ciento, mientras que la inversión se contraerá un 0.6 por ciento. El consumo se verá limitado por el deterioro del poder adquisitivo, que caerá un 0.4 por ciento este año.
El mercado laboral también perderá fuerza. La tasa de paro, que alcanzó el 8.3 por ciento en el segundo trimestre, subiría al 8.6 por ciento a finales de año. El empleo asalariado total disminuiría en unos 52.000 puestos de trabajo respecto a finales de 2025.
La inflación, por su parte, volverá a acelerarse. Tras situarse en el 2.4 por ciento en agosto, el INSEE prevé que alcance el 2.9 por ciento a finales de año, impulsada por los precios del gas y la transmisión de los mayores costes energéticos a los alimentos, los bienes manufacturados y el transporte.
El organismo señala además que el clima empresarial ha mejorado tras el deterioro provocado por el estallido de la guerra en Medio Oriente. Su indicador se situó en 98 puntos en agosto, frente a 95 en mayo en los servicios y 89 en el comercio minorista, aunque ambos sectores siguen mostrando una actividad débil.
El escenario sigue sujeto a riesgos, especialmente a la evolución de la guerra en Oriente Medio y de los precios de la energía, advierte el INSEE, que basa sus previsiones en un precio del petróleo Brent de alrededor de 90 dólares por barril hasta finales de año.
Por lo que una escalada del conflicto -apunta- podría elevar aún más los costes energéticos y deteriorar el poder adquisitivo y los márgenes empresariales.