Las cifras de comercio exterior que publicó ayer el INEGI parecen de otro país. Las exportaciones mexicanas sumaron 81 mil 420 millones de dólares en julio, un récord histórico para cualquier mes y un salto de 43.7 por ciento anual. En los primeros siete meses del año acumulan 471 mil 387 millones, 27.7 por ciento más que en 2025.

Pero detrás del récord hay una paradoja que puede resultar muy relevante para la negociación comercial con Estados Unidos: México está vendiendo muchísimo más al mercado estadounidense sin provocar un crecimiento proporcional del déficit bilateral que tanto irrita a Washington.

El auge, como hemos señalado aquí, no viene del automóvil. En julio las exportaciones automotrices crecieron apenas 2.4 por ciento, mientras las manufactureras no automotrices aumentaron 64.9 por ciento. El equipo eléctrico y electrónico se disparó 134 por ciento.

La explicación principal está en los servidores y equipos de cómputo que demanda la construcción de centros de datos para inteligencia artificial en Estados Unidos. Y hay un espejo revelador: las importaciones mexicanas de bienes intermedios crecieron 56.3 por ciento en julio. En buena medida, entran chips y componentes que después salen incorporados en equipos terminados.

Veamos ahora el déficit.

Las exportaciones no petroleras mexicanas a Estados Unidos aumentaron 49.8 por ciento en julio y 29.5 por ciento entre enero y julio. Sin embargo, en el primer semestre el déficit estadounidense con México creció apenas 6.8 por ciento, según cifras del Census Bureau. En el mismo lapso, el déficit con Taiwán aumentó cerca de 90 por ciento y el de Vietnam, más de 40 por ciento. De hecho, en el acumulado enero-junio México ya es apenas el tercer déficit de Estados Unidos: Vietnam suma 114 mil millones de dólares; Taiwán, 107 mil millones, y México, 103 mil millones.

La diferencia se explica porque el comercio entre ambos países es de doble vía. Estados Unidos no solamente compra mucho a México: también le vende mucho.

La comparación con Vietnam es ilustrativa. Por cada dólar que Estados Unidos importa de México, exporta hacia nuestro país alrededor de 63 centavos. En el caso de Vietnam exporta apenas unos siete centavos.

Por eso el mapa de los déficits comerciales estadounidenses está cambiando. En los doce meses terminados en junio, el déficit con Vietnam alcanzó aproximadamente 211 mil millones de dólares, por encima de los 203 mil millones con México. Taiwán también se acercó a 198 mil millones, mientras China quedó alrededor de 165 mil millones.

The Wall Street Journal documentó esta semana el fenómeno: solamente durante el primer semestre Vietnam acumuló un superávit comercial con Estados Unidos de 114 mil millones de dólares.

El CSIS de Washington lo resume de manera todavía más clara: los aranceles de Trump no eliminaron el déficit comercial estadounidense; cambiaron su geografía. Desde 2018, el desequilibrio con China cayó 52 por ciento, mientras el de Taiwán aumentó 865 por ciento y el de Vietnam 351 por ciento.

Queda, desde luego, la sospecha favorita de los halcones comerciales como Peter Navarro: que parte del crecimiento exportador mexicano corresponde en realidad a mercancías chinas que utilizan a México para entrar a Estados Unidos.

El problema existe y no debe minimizarse. Pero los datos no respaldan la idea de que pueda explicar el extraordinario auge exportador mexicano.

El déficit comercial de México con China durante los primeros cinco meses de 2026 fue de alrededor de 37 mil 800 millones de dólares, prácticamente el mismo monto que un año antes. En cambio, aumentaron las compras a economías asiáticas integradas a la cadena de semiconductores, como Taiwán, Malasia y Tailandia.

Además, el CSIS estima que 74 centavos de cada dólar de manufacturas que México exporta a Estados Unidos se originan dentro de América del Norte. México no es simplemente una plataforma de reexportación: forma parte de una misma estructura productiva regional.

De cara a la negociación comercial con Washington, México tiene por ello tres números especialmente importantes: sus exportaciones a Estados Unidos crecen mucho más rápido que el déficit bilateral; compra proporcionalmente mucho más producto estadounidense que los grandes exportadores asiáticos; y tres cuartas partes del contenido de sus manufacturas se originan en Norteamérica.

Si Washington quiere distinguir entre el comercio que desplaza producción estadounidense y el que integra producción norteamericana, México tiene hoy mejores argumentos de los que su récord exportador podría hacer pensar.