El nuevo plan de Carles Puigdemont de retrasar su vuelta a Cataluña para no coincidir con la campaña electoral del 29N ha diluido una de las ideas fuerzas que Junts había estado alimentando durante nueve años: el autodenominado “exilio catalán”. Ni siquiera ha habido una foto conjunta de Puigdemont con sus compañeros de aventura política, los exconsellers Toni Comín y Lluís Puig. Lluís Puig regresó ayer al Parlament, donde fue recibido por el presidente de la Cámara catalana, Josep Rull, e incluso pudo tomar la palabra en el pleno. Pero quedó muy claro que, lejos de una estrategia conjunta, cada uno volvía por su lado. Un "exilio" disperso y sin fuerza política.
Comín también regresó el miércoles. Por la noche ya estaba en Madrid para jurar este jueves la Constitución, por lo que fue tan criticado hace dos años. Ahora ya no fue así. A su manera, el independentismo va asumiendo la realidad. Toni Comín así podrá volver a Bruselas y tomar posesión de su escaño de eurodiputado. Tuvo que venir tras un largo periplo en coche porque tenían caducada toda la documentación, pasaporte incluido, y no podía volar.
Comín ha considerado que esta vuelta carece de la épica necesaria. Por eso este sábado montará una entrada formal, cruzando la frontera entre Francia y Cataluña a pie, rodeado de familiares y amigos. Pero todo quedará ya un tanto deslavado.
Regreso sin épicaLa gran ventaja para Junts es que ni el PSC ni el PP están haciendo sangre contra esta vuelta. Ambos partidos están muy ocupados en la precampaña para las generales y, en la práctica, el regreso de los políticos independentistas a Cataluña se está convirtiendo en pequeños actos domésticos, para consumo interno y con escasa relevancia más allá de los círculos muy concretos de las bases soberanistas. Junts y ERC siguen vendiendo que se trata de una victoria, cuando en realidad sólo ha sido una fórmula para gestionar una larguísima derrota de nueve años.
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El ConfidencialLa retirada de las órdenes de detención contra el antiguo dirigente catalán abre la puerta a su retorno, aunque todavía quedan cuestiones judiciales pendientes y dudas sobre sus prestaciones económicasEl presidente del Parlament, Josep Rull, facilitó que Puig se dirigiera de manera excepcional desde el atril al pleno del Parlament. Así lo hizo Puig, en un discurso lleno de tópicos y en el cual reconoció que nueve años después “no hay ninguna propuesta política para poder ser”, por lo cual se declaró “convencidamente independentista”. Él tampoco aportó propuesta alguna; sólo advirtió que “el país no había cambiado tanto” y que le seguirían respaldando. Siete minutos y medio.
Fue aplaudido por los independentistas, Silvia Orriols, incluida. Esta diputada es la mayor representante y prueba viviente en el escaño de que Cataluña sí que ha cambiado... y mucho. Salvador Illa no estuvo presente. En la bancada del Govern sólo permanecieron en su escaño el conseller de Empresa, Miquel Samper, y la de Cultura, Sònia Hernández.
Salvador Illa optó por ausentarse durante el discurso de Lluís Puig en el Parlament
De manera previa, esta semana se cruzaron acusaciones entre Junts y ERC por cuestiones tan menores como que Oriol Junqueras y Raül Romeva convocaron un acto en Sant Vicenç dels Horts, donde vive el presidente de ERC, para celebrar el final de las inhabilitaciones y que a partir de ahora se pueden presentar a cargos públicos. Desde Junts se les acusó de que estaban contraprogramando el recibimiento a Lluís Puig en Tarrasa. Como si militantes o simpatizantes de ERC fuesen a recorrer 27 kilómetros para recibirle. Eso, obviando un pequeño detalle: ERC había convocado su evento antes que el del exconseller de Cultura.
Clima enrarecidoLa polémica, menor, muestra cómo el independentismo sale muy tocado de estos nueve años. No es solo que la unidad sea imposible por la irrupción en el escenario electoral de Aliança. Es que entre Junts y ERC tampoco se soportan.
En este clima sonaba extraño que Lluís Puig hablase el miércoles por la noche en Terrassa de que “hoy es Cataluña, 2 - estado español, 0. Hoy ha perdido la judicatura española que quiere hacer política sin presentarse en las urnas. Y segunda derrota: España ha perdido nueve años al empezar a hacer lo que habría tenido que hacer el 27 de octubre de 2017. Nosotros seguimos firmes, seguimos resilientes, seguimos queriendo la libertad que el pueblo catalán —que nunca ha desfallecido— quiere y conseguirá”, Vender como victoria lo que ha sido una grandísima derrota que no ha servido para nada. La carta de exilio de Junts se guardaba en la manga; se ha jugado mal.