No por conocida la historia, deja de sorprender. Gente que se afilia a un partido de extrema derecha y luego espera democracia interna. Ahora ha sucedido en Aliança Catalana (AC), la formación independentista que lidera la alcaldesa de Ripoll, Silvia Orriols. Un grupo de militantes intentó someter a una consulta de las bases la decisión de presentarse o no a las elecciones generales del 29 de noviembre. Orriols siempre había sido contraria y para cortar esta iniciativa desde raíz, se ha abierto expediente a estos seis miembros de la formación. Amenazó con dimitir y dejar la política.
Por ahora, quienes dejarán la política serán los militantes díscolos que habían promovido una carta para forzar la consulta. El pasado 6 de octubre, ante los rumores internos, Orriols publicó un post en la red social X: “En Aliança Catalana no nos sentamos en el suelo, en círculo, cuando debemos tomar decisiones vitales. No somos un partido asambleario. El comité de gobierno tiene claro que ir a las elecciones españolas es tan absurdo y estéril como defender que hay encaje posible en el estado que nos saquea y tercemundiza. El día que el comité de gobierno decida lo contrario, yo romperé el carné de militante y volveré a hacer de administrativa al sector privado. No he venido a levantar un imperio de cargos y subcargos... sino a restituir el Estado catalán libre, próspero, seguro y occidental. Y de eso, en Madrid, no tienen...”.
La dirección ha expedientado a estos seis miembros. Según el diario Ara, los expedientes se saldarán con la expulsión de los militantes implicados en extender entre las bases la carta pidiendo la votación entre diversas organizaciones comarcales del partido. También aspiraban a que en AC se diesen mayores niveles de democracia interna. La respuesta de Orriols no deja espacio para los matices: “No somos un partido asambleario”. Los expedientes se comunicaron el pasado 22 de octubre.
Orriols envía así un mensaje claro y meridiano a cualquiera que pretenda establecer corrientes internas en el seno del partido independentista. Su hiperliderazgo no se cuestiona. Las expulsiones funcionarán como un aviso a navegantes en una formación que está creciendo a muy buen ritmo, tanto en militantes —más de 4.500 sólo en Barcelona, según explican algunas fuentes de esta formación— como en donaciones.
Las acusaciones por parte de la dirección abarcan desde colgar la carta pidiendo la votación en X hasta abogar por esta iniciativa de someter a votación la presencia de AC en las elecciones generales en los canales de Telegram del partido.
Cortar por lo sanoSiempre que hay un debate interno en AC, Orriols lo corta de raíz. Tanto gracias a utilizar la fuerza de la dirección, con un núcleo muy cohesionado a su alrededor, como amenazando con su dimisión y dejando, por tanto, a Aliança sin su principal activo electoral y su cara más conocida.
Lo mismo pasó con la estrategia cara a las municipales. Orriols se negó a que hubiese solo una veintena de candidaturas simbólicas y, de aquí a mayo, AC puede acabar con 150, repartidas por toda Cataluña que acabarán tensionando una estructura organizativa que aún es muy escasa. Las encuestas siguen apuntando a un alto crecimiento de la formación. Algunas les auguran hasta 30 diputados en el Parlament. Pero resultará muy complicado llegar a acuerdos con esta rigidez de planteamientos, ya que se trata de un crecimiento espectacular, pero muy lejos de la mayoría absoluta.