Tarek y su hermana Salma llegan mirando al suelo y arrastrando los pies. Vinieron a Ceuta sin nada y se van sin nada por la frontera. Ni una lágrima ni una mirada atrás cuando salen de Ceuta. Ambos describen el último mes como “el peor” de sus vidas. Sin embargo, ampliando la mirada, su aventura ha roto una ciudad, se enmarca en una crisis con ramificaciones internacionales, con Rusia, Israel e Italia en el punto de mira, y ha puesto al Gobierno de Pedro Sánchez frente a su mayor emergencia migratoria. “No puedo más, me voy. Aún no sé para qué vine”, dice Tarek, de 20 años, antes de abandonar Ceuta hacia Marruecos por un camino de tierra —el único habilitado para quienes entraron de forma ilegal y deciden regresar— a un costado del control de pasaportes. “Quiero volver al instituto”, añade su hermana Salma, de 17 años, que decidió unirse a la caravana para entrar en España sin saber muy bien por qué. Tarek y Salma han pasado un mes juntos protegiéndose mutuamente y emprenden este lunes su regreso a Oued Laou, a dos horas en coche de Ceuta y a cinco de Melilla por la costa.
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