Lleva el pelo rosa, gafas de ver gigantes, joyas doradas y los pómulos bien marcados con colorete. Dice “guapa”, manda besos, es tímida, cálida y sonriente. A simple vista, cuesta encontrar a esa mujer que chillaba: “Devil came to me, he said ‘I know what you need”, pero lo cierto es que nunca nos dio tiempo a saber quién era ella realmente. Los que la conocieron en los noventa, con el pelo corto, la camiseta gris y los pantalones anchos, dirán que fue un referente, una pionera, líder de algo que solo pasa una vez cada muchos años. Los que llegaron hasta la etapa africana y electrónica de Dover: que se perdió, que fue un fraude, “un delirio continuo” llegaron a escribir sobre su penúltimo álbum.
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