Pese a estar enclavado en la geografía de Álava, el condado de Treviño forma parte de Castilla desde finales del siglo XII, y cuando se decidió la actual partición provincial del país, en 1833, fue incluido en Burgos. De modo que la historia está del lado de su vinculación con Castilla y León, pero la convivencia y la realidad práctica de la existencia apuntan hacia una mayor identificación con el País Vasco, lo que explica la insistencia en agitar de vez en cuando las aguas de una segregación casi imposible, pero que también tiene su propia historia.
El último capítulo se ha vivido esta semana. El jueves los ayuntamientos del condado de Treviño y La Puebla de Arganzón, los dos municipios que integran el enclave burgalés, aprobaron pedir al Consejo de Ministros que autorice una consulta popular entre los vecinos para decidir si se inicia o no el proceso legal de segregación de Castilla y León para incorporarse al País Vasco.
El resultado fue muy favorable a los promotores de la iniciativa pues todos los concejales de La Puebla votaron a favor y también los de Treviño, salvo los dos del PP. “Estamos muy contentos porque se ha dado voz al mandato de nuestros vecinos. Pero hay que dejar claro que hablamos sólo de convocar una consulta”, explica Arantxa Yarza, la portavoz de la Mesa por la Integración en Álava. Yarza aclaró que la propuesta se planteó antes de que se disolvieran las Cortes, aunque se votara después. “Pero esto no es un problema porque la petición pasará al nuevo Gobierno”.
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EPEl objetivo es manifestar la "posición firme e inequívoca" del Parlamento de Castilla y León en defensa del Condado de Treviño como parte de territorio integrante de la provincia de BurgosNo es la primera vez que se plantea la segregación de Treviño, un enclave de 260 kilómetros cuadrados y 1.500 habitantes. El precedente más antiguo se remonta a 1917, luego hay otro intento en 1936 y lo más curioso es un episodio en 1958, durante el franquismo, en el que una consulta sobre otra cuestión -el traspaso del arciprestazgo de Treviño desde Vitoria a Burgos- fue aprovechada por el alcalde para preguntar sobre el posible cambio de provincia con un resultado a favor. “Siempre fue aspiración legítima de los habitantes de este Condado el depender a todos los efectos de la Provincia de Álava, y no de Burgos”. De este modo resumió la opinión del vecindario.
Hubo un tiempo en que tal demanda podía estar motivada por razones de índole práctica. Álava está casi a la mitad de distancia que Burgos, de modo que, para los vecinos de Treviño, es más fácil y cómodo recibir las prestaciones sanitarias en el País Vasco que en Castilla y León. Pero hace ya más de veinte años que la firma de convenios de colaboración -no sólo entre estas dos comunidades, sino con otras- garantizó una prestación de servicios sin fronteras ni barreras. Aunque, en el caso del País Vasco, cada nueva renovación es motivo de nuevas refriegas.
“Mucha gente de Treviño se siente vasca”, admite Óscar Arbaizar, concejal del PP en Treviño. “Pero una cosa es el sentimiento y otra el territorio. Y no hay ningún problema de servicios ni de ningún tipo con estar en Castilla y León”.
Vista de La Puebla de Arganzón, municipio del condado burgalés de Treviño. (EFE/Adrián Ruiz de Hierro)Arbaizar ve motivos oportunistas en la última iniciativa segregacionista. “Piden la consulta ahora, que no hay Gobierno, y que el Consejo de Ministros está en funciones, y a siete meses de las próximas elecciones. Es un postureo”. La impulsora de la consulta es la Mesa por la Integración de Treviño en Álava, una organización que se creó en junio de 2025, hace apenas un año y medio. Pero la identificación vasca se puede constatar en el hecho de que La Puebla de Arganzón está gobernado ahora por el PNV, y en que Treviño lo estuviera en la anterior legislatura.
Es muy significativo el diferente modo como los estatutos de autonomía del País Vasco y Castilla y León reflejan el problema de los enclaves. En el de Euskadi, se habla de los requisitos que deben cumplir los territorios que deseen “agruparse” a la comunidad autónoma, mientras que el castellano y leonés habla de los requisitos para “segregarse” de la comunidad. Los dos están pensando en el enclave de Treviño sin nombrarlo. Pero este condado burgalés no es el único enclave del país, de modo que cualquier cambio hoy aquí puede remover mañana las aguas en otras comunidades donde aparentemente bajan tranquilas.
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Europa PressEl pleno ha aprobado por mayoría absoluta, con siete votos a favor por los dos en contra del Partido Popular, esta moción que ha impulsado la Mesa por la Integración de Treviño en ÁvilaNo es fácil que los treviñeses que deseen incorporarse al País Vasco puedan ver cumplido su deseo. Ciertamente existen procedimientos para intentarlo, tal y como recordó recientemente el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, a los miembros de la Mesa por la Integración de Treviño en Álava. Tal propósito, admitió, es “jurídicamente posible”. Otra cosa es que lo sea políticamente, dado que las formaciones políticas mayoritarias de Castilla y León se oponen al cambio y su aprobación es uno de los primeros requisitos del proceso de segregación. Se opone el PP, y, de hecho, el portavoz del Gobierno regional, Carlos Fernández Carriedo, anunció este jueves que utilizarán todas la vías, “incluso las judiciales”, para defender la integridad territorial de Burgos y de Castilla y León. También se opone Vox, y, en este punto, existe acuerdo con el PSOE. El secretario de Organización socialista, el burgalés Daniel de la Rosa, ha manifestado con claridad y sin margen de duda que “el PSOE de Castilla y León y el PSOE de Burgos garantizan la integridad territorial de nuestra provincia y comunidad”.
De modo que, incluso si lograra darse el primer paso, el pronunciamiento de los vecinos de los municipios en esa supuesta consulta popular que ahora se demanda, no sería posible avanzar en los siguientes. Ni la Diputación de Burgos, ni la comunidad autónoma se manifestarían a favor, y por mucho que sí lo estuvieran la Diputación de Álava y el gobierno vasco, la demanda se estancaría y no llegaría a las Cortes generales.
“Miedo a la segregación no tengo ninguno”, admite Arbaizar. “El País Vasco tiene muchos otras aspiraciones prioritarias a ésta. Si hubieran querido anexionarse Treviño lo hubieran intentado en la negociación de la investidura de Pedro Sánchez, pero ni tocaron el tema”. El concejal del PP admite que el gobierno vasco amaga periódicamente con no renovar los convenios de colaboración para mantener vivo el debate, “pero deben ser conscientes de que eso perjudicaría a muchos ciudadanos vascos que residen en el enclave”. Todo apunta a que el ruido en torno a Treviño no desaparecerá por ahora, pero otra cosa serán las nueces.