Sandra del Olmo llegó nerviosa a la cita en una cafetería. Le esperaba su padre, al que no había visto hacía un año. Desde que él hizo las maletas y se fue de casa, las cosas entre ellos ya nunca fueron iguales. Algo parecía roto. En el divorcio, ella tomó partido por su madre y eso la había distanciado irremediablemente de él. Ese día, delante de un café, no hablaron de nada importante, solo de asuntos cotidianos de sus vidas. A partir de ese momento se llamaron y se mensajearon más a menudo, y eso les trajo mucha paz a ambos. Volvieron a verse tres veces más. La última, la noche del 27 de octubre, cuando él aparcó en la puerta de su casa con las luces encendidas, sacó una maleta y se la dejó a ella hasta que regresase. Al día siguiente tenía que coger el AVE.
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